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Influencers en pandemia: contenido en casa y cubrebocas fashion

La pandemia obligó a los influencers a crear contenido desde su casa, usar cubrebocas de varios diseños e intentar hacer conciencia entre sus seguidores.

Escrito por:Arturo J. Flores

La pandemia de coronavirus puso al mundo de cabeza. Los influencers no podían ser la excepción. Desde hace un año, las estrellas de las redes sociales tuvieron que reinventarse para mantener el interés de la gente en sus perfiles, en medio de un confinamiento mundial que ha tenido a las personas conectadas a Internet por más tiempo que nunca.

De acuerdo con el informe Digital 2020, We Are Social y HootSuite concluyeron que el 76% de los usuarios de teléfonos móviles de entre 16 a 64 años pasó más tiempo conectado a Internet el año pasado. Un promedio de 6 horas y 54 minutos por persona.

Sólo en México, la media es de 9 horas diarias, establece el estudio.

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Para los Youtubers, Instagramers, Twitstars, TikTokers y Facebookeros esto representa un autentico oasis de audiencia.

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LA SANA INFLUENCIA

Sin embargo, ante la necesidad de permanecer en casa y con los restaurantes, fiestas y destinos turísticos se les presentó un dilema: ¿cómo crear contenido en confinamiento?

@mafermiamor es seguidora de los Pumas. Antes de que la Covid la obligara a quedarse en casa, realizaba stories en Instagram cada semana desde el Estadio Olímpico Universitario apoyando a su equipo.

A partir de que la Liga MX reanudó sus actividades en junio de 2020 sin público en los partidos, la joven tuvo que replantear su estrategia.

“Ha sido complicado, pero sí se puede. Los contratos con las marcas no se cayeron, pero se transformaron. Si antes me entregaban accesos a los partidos, ahora son bonos de para poder apostar en línea”, comenta.

@gerardogrossi es Instagramer, TikoToker y locutor del podcast “En cuatro. Acostumbrado a compartir contenido de datos curiosos, gastronomía y viajes, para él la pandemia ha representado una oportunidad para explotar su creatividad.

“Se puede hacer contenido desde casa. Yo designé un área especial en la que coloqué las luces, la greenscreen y todo lo que necesito para producir. Hay influencers que se la pasan viajando bajo el pretexto de estar creando contenido, pero también lo puedes hacer rescatando videos de viajes pasados o, en el caso de la comida, hablando de la experiencia de pedir alimentos a domicilio”, dice.

OXÍMETRO KILLED THE SELFIE STAR

Las redes sociales tienen sus propios paradigmas. Situaciones que se repiten, se vuelven tendencia y fortalecen ese fenómeno conocido como “El Tren del Mame”.

Así como en pasado hacerse una selfie sin camiseta delante del espejo o tomar una fotografía desde la ventanilla en la que se viera el ala del avión se volvía recurrente entre los influencers, hoy en día es común que muchos compartan la imagen de su dedo en el oxímetro, presuman su colección de cubrebocas o se graben mientras les meten un isopo por la nariz para realizarse la prueba de la Covid.

Si al principio de la pandemia quienes se contagiaban de la enfermedad querían mantenerlo en secreto, hoy en día las estrellas de las redes sociales hacen público lo evidente: son seres humanos que se enferman.

“Existen tres motivos para que eso trágico se volviera aspiracional. En primer lugar, los creadores de contenido se quedaron de qué hablar y lo más empático era hablar de la enfermedad. En segundo lugar, la gente entró en una ola informativa. Hubo los que informaron y los que desinformaron, pero todos querían ser parte de la conversación”, explica Marito Pino, experto en marketing y redes sociales, que ha trabajado con decenas de marcas e influencers.

“En tercera instancia, a quienes se enfermaron el público empezó a profesarles un amor desmedido. Por eso el ´me hice la prueba, muchachos, tengo Covid y mira mi oxímetro’ produjo una respuesta que alimentaba el ego de los influencers como antes lo conseguían con su contenido de viajes”, añade.

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Por su lado, @gerardogrossi considera que los influencers se dividieron en dos: los responsables y a los que “les valió madres”.

Recordemos el caso de su paisano, el Youtuber venezolano Soy David Show, que en abril del año pasado se volvió viral después de hacer un video en el que salía a la calle a comprar pizzas congelados sabiendo estaba enfermo de Covid.

Para @gerardogrossi la pandemia representaba una oportunidad de hacer conciencia entre las personas a partir de poner un buen ejemplo.

“Yo me compré cuatro cubrebocas de diferente color para que combinaran con mi ropa, porque fashion o no, la obligación era utilizarlos. Por uno mismo, sí, pero sobre todo para proteger a las personas que forman parte de un grupo vulnerable”, indica.

Similar piensa @mafermiamor, quien también ha procurado seguir al pie de la letra las indicaciones oficiales para detener los contagios.

“Unos tienen más seguidores que otros, pero el chiste es hacer que llegue el mensaje. A mí me tocó ser imagen de un cubrebocas de Pumas y lo hice con mucho gusto. Es verdad, con los cubrebocas no te reconocen los filtros de Instagram, pero eso no es pretexto para que te lo quites y hagas un video en el Uber”, cuenta.

CASTIGO A LOS MALINFLUENCERS

Tal es el alcance de los influencers, que en una encuesta que LEGO realizó en 2019 a 3000 niños de entre 8 y 12 años de años de Estados Unidos, Reino Unido y China, así como a padres que tienen hijos de entre cinco y 12 años, un tercio aspira a convertirse en YouTuber antes que astronauta.

En Amazon, se puede comprar un “kit de influencer” por 5,817 pesos, que incluye un soporte para tablet o smartphone, anillos de iluminación y diversos accesorios para realizar transmisiones en vivo.

Finalmente, están los casos de Paty Navidad o León Larregui, a quienes Twitter les quitó sus cuentas después de que difundieran información falsa relacionada con el coronavirus y las vacunas.

Marito Pino celebra la medida.

“Las redes son como cualquier lugar. Tienen sus reglas y como en cualquier lugar, si no las cumples, te corren. Eso no es censura. Esas reglas evitan que se comparta pornografía infantil y se promueva el bullying. El problema es que nadie lee las letras chiquitas y los influencers creen que porque hay gente que los sigue, están más allá del bien y del mal. Imagínate la cantidad de gente que podría morir por culpa de las fake news”, concluye.

 

 

 

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