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Opinión

Cobra Kai: la serie de las nuevas masculinidades

Por: Revista Open 25 Sep 2020

¿Quién iba pensar que el rubio rudo de una película de hace cuarenta años iba a emprender el camino de entender qué es lo que lo hace ser hombre?


Cobra Kai: la serie de las nuevas masculinidades

Por Iván Farías

El origen de Cobra Kai no es, como muchos piensan, un capítulo de How I met your mother, donde el machín Barney Stinson, interpretado por Neil Patrick Harris, pide que le

traigan al Karate Kid. Debido a este deseo en su fiesta de cumpleaños aparece Ralph Macchio para ser denostado por Stinson, quien lo acusa de robarle de mala manera el campeonato de artes marciales. Momentos después y de manera sorpresiva, aparecer William Zabka vestido como Cobra Kai.

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No es de extrañar que Barney sea fan de Cobra Kai al ser un personaje satírico que exacerba lo peor de la masculinidad. La biografía ficticia de su libro lo desnuda como tal:

“Barney toca ochenta y tres instrumentos musicales, tiene el récord de levantamiento de pesas, ha pilotado un jet alrededor del mundo con los ojos vendados, es el número uno en el ranking de los hombres más atractivos…”.

El origen real del spin off de Karate Kid es menos glamuroso, y se lo debemos a la tenacidad de sus creadores: Jon Hurwitz, Hayden Schlossberg y Josh Heald, quienes buscaron durante años hacerse con los derechos y revivirla. 

Supongo que como muchos de esa generación, al igual que yo, practicaron “la grulla” y se pusieron una cinta en la cabeza.

Los malos tienen la palabra

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Desde hace unos años la industria audiovisual está dándole voz a los villanos de historias clásicas, explicando cosas o dando la otra versión. Desde Maléfica, el Joker, Michael

Mayers hasta The Mandalorian o Hannibal. Por eso no es extraño que una vez que Macchio y Zabka estuvieron dentro, la serie tuvo luz verde para iniciar rodajes. Se explotaba la nostalgia y le daban voz al “malo”.

El programa ha tenido un par de opiniones similares en su recibimiento al ser relanzada en Netflix. Por una parte la esperada, la que dice que el conflicto entre ambos personajes se hubiera resuelto en terapia y la más simplona, que es una telenovela con golpes. 

Pese a que tienen algo de razón ambas posturas, para mí salta a la vista que sus creadores quisieron ir más allá de la pura nostalgia. Pese a su hechura de bajo presupuesto y que algunos diálogos son francamente malos. Pese a que busca, además del público de los ochentas, a uno más joven, se nota el deseo de crear algo que vaya más allá de una historia sobre segundas oportunidades.

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Daniel LaRusso es la representación de un nuevo hombre, uno que es más sensible, que mantiene el equilibro entre esposa, hijos y negocio. Luego de vencer a los acosadores de la escuela, logra encausar su vida. Aunque en la tercera parte lo tienta la maldad y se vuelve Cobra Kai, sin embargo, gracias al apoyo de su mentor, el Señor Miyagi, puede salir del bache.

Por otro lado, Johnny Lawrence luego de perder en el campeonato, se queda sin nada, sin Dojo, sin sensei y sin la vida que había tenido, embarcándose en una espiral de alcoholismo y depresión. Incluso se va a vivir a la parte pobre Los Angeles, entre inmigrantes latinoamericanos y los White Trash. 

Lawrence parece que ha sido arrojado a este tiempo directo del pasado, cosa que lo hermana con miles de hombres que tampoco entienden que están en un mundo que ya cambió. 

Lawrence, obligado por Miguel Díaz, hijo de inmigrantes ecuatorianos, decide salir de ese abismo y tratar de integrarse al mundo de la única forma que sabe hacerlo, a través del karate.

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Aquí hay que hacer un breve paréntesis para remarcar que el Karate, junto con Kung Fu y demás artes marciales provenientes de oriente, además de ejercitar el cuerpo, crean una filosofía alrededor de ellos. El karate tiene varias corrientes, la Shotokan es la más extendida, sin embargo en todas y cada una ellas el respeto al o la sensei es primordial.

Para un practicante de karate el Dojo es su casa y sus compañeros, su familia. Uno no puede entrar al tatami, es decir, al lugar de combate y entreno, sin quitarse los zapatos y hacer una reverencia. Cada clase se inicia con una breve oración de respeto y honor hacia con el arte marcial.

Además, el karate es un disciplina que busca, a diferencia de las técnicas chinas o coreanas y definitivamente, a la capoeira, derribar al contrario en la menor cantidad de golpes. Esto hace que el karate sea poco vistoso, porque el rival debe ser vencido en dos o tres golpes máximo. Además, es que el cuerpo se entrena para recibir mucho dolor. Y el dolor es algo que está mal visto en esta sociedad.

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Tu tío el que no sabe usar Facebook

Por eso la primera temporada es la que más se vuelve adictiva, porque quieres ver como este hombre que no sabe usar un celular, que no sabe utilizar una computadora, se adaptaba a él. Sin embargo, tiene una certeza, entiende que la manera que le enseñaron a vivir no funciona.

Lawrence es un hombre que intenta reconstruir su masculinidad y entender cómo avanzar en un nuevo mundo. A diferencia de su Dojo original, no hay diferencias entre hombres y mujeres, porque en realidad los que lo buscan son los desclasados, los que siempre son hechos a un lado, los parias. Y con esto queda zanjada la brecha de género.

Del otro lado está LaRusso, este vive en el lado ganador de la sociedad, utiliza el karate como material de venta, es un hombre amable, sano, que vive una vida luminosa.

Así que cuando su rival de antaño emerge de las tinieblas, quiere eliminarlo como una plaga. Quiere, como se usa ahora: cancelarlo. Lo irónico es que en una sociedad que juzga todo por moralidad, incluso el propio LaRusso también es machacado en las redes sociales ya que al usar el karate, es acusado de apropiación cultural.

Conforme avanza la trama vemos los problemas paternales que tiene ambos protagonistas y sus hijos, ya sean biológicos o no. También asistiremos a una serie de equívocos en los que las diferencias y malentendidos acrecentarán las enemistades. Pese a sus fallos, es interesante que se aporte una mirada fresca a las nuevas masculinidades.

¿Quién iba pensar que el rubio rudo de una película de hace cuarenta años iba a emprender el camino de entender qué es lo que lo hace ser hombre?

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