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Disco Sopa: ellos aprovechan los alimentos que tiras

Por: Diana Navarro 28 Feb 2021

Recorrimos la CDMX junto a Disco Sopa, una iniciativa surgida en Alemania que tiene por objetivo frenar el desperdicio de alimentos.


Disco Sopa: ellos aprovechan los alimentos que tiras

Apenas han dado las 7 de la mañana cuando entre gritos de ofertas y el clásico “ahí va el golpe” de los diableros, nos adentramos en los pasillos de la Central de Abastos. Conoceremos el primer eslabón con el que se inicia el freno al desperdicio y la consecuente recuperación de alimentos.

 

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Andrés Navarro es integrantes de Disco Sopa, una iniciativa social que busca frenar el desperdicio de alimentos. Es él quien nos conduce hábilmente por los pasillos de uno de los mercados de comida más importantes de México.

 

Mientras llegamos a nuestro destino, Andrés nos pone en contexto sobre la importancia del rescate de alimentos.

 

“En México, el 34% de la producción de alimentos se desperdicia. Esto equivale a más de un tercio de la producción. El fenómeno del desperdicio de alimentos no solo equivale a una pérdida importante en la economía, sino que también tiene un impacto medioambiental que se traduce en dióxido de carbono y desperdicio masivo de agua”, explica.

 

“Paralelamente, año con año la población mexicana aumenta su índice de subnutrición, lo cual significa que cada vez hay más personas que no cuentan con seguridad alimentaria suficiente para su óptimo desarrollo”.

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COMIDA FEA, PERO NO PODRIDA

 

Rumbo al Banco de Alimentos, podemos atestiguar lo que nuestro guía nos cuenta. Incontables basureros de comida perecedera que no tendrán ningún tipo de aprovechamiento y terminarán en contenedores aún más grandes de desperdicio.

 

Mucha de esta comida no es comercializada únicamente por la condición estética en la que se encuentra, más no por un proceso de descomposición.

 

Apenas hemos puesto un pie en el Banco de alimentos y Andrés ya recibió una llamada del punto a donde acudiremos a llevar la comida. Nos arremangamos la camisa y comenzamos a cargar las cajas de frutas y verduras. Entre plátanos, cebollas, jícamas, nopales coles y calabazas, logramos acarrear 480 kilos en lo que parece el inicio de una larga jornada.

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Con Andrés al volante, yo como copiloto y una camioneta llena de verduras, seguimos charlando en dirección a la colonia Roma.

 

LA COMUNIDAD OTOMÍ DE LA CDMX

 

Andrés nos cuenta que los alimentos recolectados tienen dos destinos diferentes. Por una parte, se distribuyen en comunidades de escasos recursos para que se aprovechen sin costo. O bien, estos alimentos se destinan a Disco Sopa, una iniciativa que nació en Alemania no sólo con la finalidad de sensibilizar a la población acerca de su propio despilfarro, sino también para empoderar a las comunidades.

 

Su objetivo es reunir alimentos en buen estado y llevarlos a comunidades vulnerables. En tiempos normales, se reúne a gran cantidad de personas para realizar una fiesta. Pero la pandemia ha modificado su manera de trabajar.

 

En medio de grandes edificios modernos, llegamos a una construcción más pequeña hecha a base de lámina y plástico donde Aurélien Guilabert, parte del consejo de organización de Disco Sopa México, nos espera para acompañarnos a la primera parada donde dejaremos insumos.

 

Se trata de la comunidad Otomí de la colonia Roma. Aun cuando se localiza en una de las zonas con mayor flujo económico de la CDMX, los miembros de esta comunidad no forman parte de esa realidad. No nos demoramos mucho en descargar parte del “botín” y repartirlo entre las familias, que con mucho agradecimiento lo reciben.

 

Con algunas cajas menos y un integrante más a bordo, Andrés, Aurelien y yo nos dirigimos a nuestro destino principal. De vuelta al oriente de la ciudad. En esta ocasión, Aurélien toma la palabra para responder mis preguntas.

 

¿Cómo deciden el destino de los alimentos?

 

“Más allá de las cifras de pobreza y zonas vulnerables que podemos conocer mediante los censos de gobierno, nuestro trabajo y labor social de años nos ha exigido recorrer las calles de la ciudad. En estos recorridos hemos conocido a viva voz las necesidades de las personas y hemos logrado identificar cómo se puede hacer una mejor distribución de recursos”.

 

“Por ejemplo, las comunidades indígenas en la Ciudad de México representan un porcentaje casi nulo de la población y esos pequeños porcentajes en una ciudad como en la que vivimos se traducen en sectores invisibles. No existen, y como no existen, sus necesidades tampoco”.

 

COMED TODOS DE ÉL

Quedamos atrapados en el tráfico. Es mi oportunidad para que me expliquen los procesos. Primero se lanza un aviso para informar que habrá Disco Sopa. Con este comunicado se trata de reunir a la mayor cantidad de voluntarios.

 

 

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Posteriormente, se llama a los Bancos de Alimentos con un mínimo de dos días de anticipación para hacer una recolección de productos. Con las donaciones se cocina un menú, que en la mayoría de ocasiones es improvisado en función de los alimentos recolectados.

 

Finalmente, el evento se desarrolla en vía pública para que cualquier persona pueda conocer la iniciativa y replicarla.

 

 

LA INCERTIDUMBRE NUESTRA

Tras una hora de camino llegamos al oriente. Ahí donde se encuentran los índices de pobreza y delincuencia más altos de la ciudad.

 

Aunque las casas a las que llegamos son muy parecidas a la zona donde estuvimos antes, el número de personas que viven sin seguridad alimentaria básica es mucho mayor.

 

Nos disponemos a bajar de la camioneta, no sin antes tomar las medidas de seguridad pertinentes. Este es el verdadero trabajo: descargar, cocinar, acomodar, repartir y limpiar.

 

Sin que haya más charla, nos mezclamos entre los voluntarios y los habitantes de Iztapalapa que ya conocen la Disco Sopa.

 

Mientras pico zanahorias para el arroz, escucho a doña Mary contarme de su labor en el comercio informal. Me platica lo difícil que es conseguir los insumos básicos para alimentar a los siete miembros de su familia.

 

“Antes, a duras penas sacábamos para comer. Unos días eran mejores que otros. Pero con esto del Covid, si bien nos va completamos para dos comidas y a veces ni para eso”, dice con un tono de resignación.

 

Pero doña Mary no es la única que se enfrenta a esta precaria situación. Durante la preparación de los alimentos no dejo de escuchar testimonios de personas gravemente afectadas por la contingencia.

 

La mayoría son comerciantes informales que viven con la incertidumbre de ignorar si podrán comer todos los días.

 

HAMBRE EN LA PANDEMIA

Una vez terminada nuestra labor, ya con las cajas vacías de comida y un pasajero más, nos disponemos a volver a casa. David Santiago forma parte del voluntariado y me regala la última reflexión de esta jornada.

 

“Con el desperdicio cotidiano de comida que existe, se podría brindar la seguridad alimentaria a muchas personas para que disfrutaran de una vida sana y activa. Debido a la pandemia, no convocamos a las actividades relacionadas con Disco Sopa por el peligro que conlleva la congregación de personas”.

 

“Pero como la iniciativa lo sugiere, hemos expandido la propuesta a las comunidades más afectadas por la crisis. Queremos que las personas tomen conciencia respecto al desperdicio de alimentos, reflexionando sobre su impacto y poniendo a su alcance una solución”, concluye.

 

Es imperativo atender el desperdicio de alimentos para fomentar la conservación de nuestros ecosistemas pero también el desarrollo óptimo de los individuos.

 

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