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Opinión

Hablemos de economía sin dinero

Por: Grisel Ayllón Aragón 06 Nov 2020

La directora asociada del Departamento de Economía del Tecnológico de Monterrey inaugura un especio de opinión en la que nos hablará de su especialidad.


Hablemos de economía sin dinero

Me llamo Grisel Ayllón Aragón, soy Doctora en Economía, pero no seré capaz de decirte dónde invertir para tener los mejores rendimientos, ni estimar cuál será el tipo de cambio en los siguientes 12 meses o cuál es la mejor tasa de interés que el banco central pueda fijar. Tampoco me atrevería a dar cifras esperadas de un crecimiento económico o los siete pasos a seguir para conseguir la prosperidad económica. Y sí, mi título es válido y me costó muchas horas de estudio, sudor y lágrimas.

En este espacio hablaremos de economía, la economía menos vista, pero quizás la más tangible. Aquella que en realidad habla sobre las razones por las cuales los agentes económicos (tú, yo, los gobiernos, las empresas, las instituciones, las ONGs, etc.) toman sus decisiones. Aquella economía que mueve al país, al mundo, a las sociedades. No aquella en la que se vocifera que vamos a crecer a un ritmo del 5% aleatoriamente y que después tienen que ajustar la cifra hasta negar la importancia de un crecimiento por no saber qué más hacer.

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Así, en 4,500 caracteres discutiremos incentivos, mecanismos de asignación, las consecuencias que conllevan decisiones políticas, reglas, o eventos que impactan nuestro actuar. Algunos serán evidentes, otros no tanto, pero pondremos sobre esta mesa sin dinero temas de la actualidad para abrir un debate con ojos económicos. Desde discusiones sobre donación de órganos, pasando por experimentos para medir la pobreza y el impacto de políticas públicas, hasta senderos más politiqueros que estén tocando las tintas al momento.

La economía de México y el Coronavirus

Para comenzar, y hablando de no tener dinero y de temas que en estos tiempos recorren las mesas, me llegan a la mente los cientos de reporteros que se quedarán sin protección, aquellos proyectos científicos que perderán su fondo de financiamiento, la industria cinematográfica que contará con menores recursos gubernamentales y todos los rubros que serán afectados al eliminar 109 fondos y fideicomisos. El discurso puede ser noble: querer eliminar intermediarios y evitar que “más manos” toquen el dinero y así evadir posibles incentivos perversos a hacer un uso inadecuado de los recursos. En otras palabras, darle directamente a la población el dinero. ¿Por qué discutir en esta mesa este tema? Estamos ante una decisión de la asignación de los recursos escasos en sus diferentes posibles usos u objetivos. Tendríamos entonces que analizar si esta solución nos llevará a mayores beneficios que costos.

Parece una solución directa y sencilla, ¿en realidad a nadie se le había ocurrido esta simple solución? Quitar eslabones para llegar más rápido al beneficiario final. Entonces podríamos vender un auto en piezas y que cada uno decida que llantas ponerle, qué bujías comprar o qué sistema de frenos le conviene. ¿Suena ineficiente? ¿Realmente es menos costoso dejar que el mismo interesado maneje el dinero que el gobierno le asigna como apoyo? ¿Cómo asegurarnos en este esquema que los recursos se utilicen para lo originalmente contemplados? ¿Qué mecanismos de vigilancia tendremos y qué consecuencias se aplicarán a quienes no cumplan con los objetivos del dinero? ¿Seremos capaces de administrar un cambio tan drástico? ¿Cómo asegurar la continuación de los proyectos de largo plazo, más allá del año fiscal?

No defenderé el uso incorrecto de los recursos, yo misma soy una contribuyente puntual. Tener mecanismos que posibilitan el robo y la discrecionalidad, no será jamás eficiente. Ni siquiera me parece relevante tener una afinidad personal con quien tome las decisiones públicas. Pero quien sea que esté al frente de un gobierno, debe de tener en claro los incentivos que están generando sus decisiones, por ende, las consecuencias. Si las normas para utilizar los  recursos son ambiguos, desamparan a quienes así lo necesitan y merman el único bien que no se consume y desaparece (la ciencia y la cultura); entonces no esperemos que algo mejor suceda. El diablo está en los detalles.

En una tira cómica de Mafalda, Quino escribía “Papá, ¿podrías explicarme por qué funciona tan mal la humanidad?”. Por lo que, si encuentras en estas líneas mucha crítica sin una solución en concreto, será con el afán de construir a partir de las piezas desmembradas del rompecabezas.

 

Directora asociada del Departamento de Economía,

Tec de Monterrey, Campus Santa Fe             

@GriAyllon