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Opinión

Retrogradar: otra cara de la desigualdad

Por: Raúl Mondragón von Bertrab 09 Sep 2020

Las iniciativas presentadas y tornadas legislación durante este año conllevan una diversidad de riesgos en materia de garantías y apuntan a constituirse en útiles medidas de persecución política.


Retrogradar: otra cara de la desigualdad

A finales del 2019 tuve la oportunidad de asistir al espectacular lanzamiento de un nuevo negocio de conocido grupo colombiano en la capital mexicana. El mensaje de fondo, en perfecta sintonía con la suntuosa forma que incluyó una muy especial cata privada de whisky escocés, no fue un voto de confianza para la actual administración gubernamental, sino de optimismo por el mundo ante el hecho de que surcamos la era de la prosperidad, ante la evidencia de que el ser humano nunca antes ha sido tan próspero como lo es hoy y que, a pesar de la miríada de noticias negativas que invaden a diario y a todas horas nuestros inseparables medios electrónicos, nuestra especie ha logrado imponerse ante cada reto y tornado en ganancia toda adversidad.

El portavoz de tan alentador panorama y orador invitado fue Steven Pinker, psicólogo experimental, científico cognitivo, lingüista y escritor de origen canadiense, profesor de la Universidad de Harvard. Con fuentes como el Banco Mundial y con simplicidad admirable, el pensador declaró que la pobreza extrema que afectaba al 90% de la población mundial en 1820, es hoy flagelo de tan solo el 10% de nuestros coterráneos. El número de muertes por hambruna ha disminuido de 1,400 casos por cada 100,000 personas en la década de los 1870, a contados casos en dicha proporción en la década en que vivimos.

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Apenas una semana antes, estallaba en Chile el supuesto movimiento de protesta social por la desigualdad, desatado por un alza menor en las tarifas del transporte público. Dado que mi familia política es chilena, conozco bien el país y me resultó sorpresivo el pretexto de los manifestantes, por lo que quise indagar más en torno a esta “lacerante” desigualdad que combinada con un presidente timorato y conflictuado, ha sumido en el caos a la nación estrella de Latinoamérica, cuyos ciudadanos, por dar ejemplos, no requieren visado para viajar a los Estados Unidos, tienen un envidiable poder adquisitivo, cuentan con servicios de salud y una oferta educativa de nivel primermundista, y gozan de amplísimas libertades.

Alertada la mente por este ejercicio intelectual, la evidencia conclusiva apareció en mi bandeja de entrada el 28 de noviembre pasado, en la forma de un artículo de The Economist: “La inequidad podría ser menor de lo que piensas.” La portada de la edición aludida va más lejos aún: “Ilusiones de Inequidad”, el título; “Porqué la riqueza y las brechas en los ingresos no son lo que aparentan”, el subtítulo. En resumen y sin menospreciar los evidentes problemas que aquejan al mundo capitalista, el artículo se refiere a los “cuatro pilares” de la inequidad: el aumento de la riqueza del 1% más rico, el estancamiento de la clase media, la noción de que el capital ha triunfado sobre la mano de obra y las propias inequidades de la riqueza; sosteniendo que las cosas no solo han permanecido sin mayores cambios durante las últimas dos o tres décadas, sino que la brecha se ha reducido desde varios ángulos.

Lo sucedido en Chile en las últimos meses es más simple que intentar explicar el descontento ante el progreso: se trata de un esbozo de la vigorosa intentona de una élite de izquierda radical con intenciones de constituirse en y perpetuar una nueva nomenclatura, que ha encontrado un caldo de cultivo idóneo para sus planes en el marco de una recesión económica global anunciada, con el medio británico The Guardian citando siete pistas ominosas: el conflicto arancelario entre Estados Unidos y China, el lento crecimiento estadounidense, la crisis de deuda china, la situación alemana, el Brexit, los países cargando problemas a cuestas como Turquía, Sudáfrica, Venezuela, Argentina e Irán, y el nerviosismo bursátil.

Lo que suceda en Chile determinará el tono de las siguientes batallas por un statu quo que si bien requiere someter sus premisas a una revisión exhaustiva, ha hecho mucho más por los valores universales que esa aberración ideológica, ogresca y aburrida que es la alienación de las masas comunistas para el provecho de unos cuantos hipócritas. El reto no es menor. En México estamos ante el escenario de un gradual pero veloz asolamiento de las instituciones y la implementación de un sistema unipartidista y de culto unipersonal con tendencias de izquierda pero gustos imperiales.

Las iniciativas presentadas y tornadas legislación durante este año conllevan una diversidad de riesgos en materia de garantías y apuntan a constituirse en útiles medidas de persecución política. La intención fue anunciada desde un inicio, en el discurso de toma de protesta del presidente López:

“Por eso aplicaremos rápido, muy rápido, los cambios políticos y sociales para que si en el futuro nuestros adversarios, que no nuestros enemigos, nos vencen, les cueste mucho trabajo dar marcha atrás a lo que ya habremos de conseguir. Como dirían los liberales del siglo XIX, los liberales mexicanos, que no sea fácil retrogradar.”

Los tiempos de esperar pasivamente a que las cosas mejoren o se solucionen solas ha llegado a su fin. Es tiempo de actuar, de ejercer nuestros derechos ciudadanos para poder exigir a los políticos que los garanticen y que cumplan con sus obligaciones o sean removidos. Pero, sobre todo, para evitar que esa clase con oficio y beneficio se apodere de nuestros países en el nombre de los que carecen de ambas condiciones y retrograde nuestro progreso. No más #PrayForChile, por ejemplo, sino #ActForChile. Y, por supuesto, #ActForMexico. Lo que está en juego, hoy, en la trinchera latinoamericana, es un nuevo orden mundial.

 

 GINgroup apoya la educación a distancia en tiempos de COVID-19, para reducir la inequidad en la educación en México

 

El autor es abogado financiero egresado de la Universidad Iberoamericana, cuenta con 24 años de experiencia como abogado de empresa y asesor externo, delegado fiduciario y cabeza de negocio (Escrows) en JP Morgan, Deutsche Bank y Grupo Desc (hoy Kuo), entre otros. Es hoy socio de 1291 Group y Gate Capital.
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