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Así fue el concierto de Idles en el Pabellón Oeste del Palacio

Por: Arturo Flores 25 Mar 2022

Al mismo tiempo que Vladimir Putin invade impunemente el territorio ucraniano, Joseph Tabbot le dijo a una turba de mexicanos que Freddie Mercury es su […]


Así fue el concierto de Idles en el Pabellón Oeste del Palacio

Al mismo tiempo que Vladimir Putin invade impunemente el territorio ucraniano, Joseph Tabbot le dijo a una turba de mexicanos que Freddie Mercury es su hermano de sangre. El cantante apenas se escuchaba por debajo de nuestras gargantas deletreando con pasión de hincha el nombre del vocalista del grupo de hardcore Heavy Lungs, durante el concierto de Idles en el Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes.

The D, the A, the N, the N, the Y, The N, the E, the D, the E, the L, The K, the O, the C, the O, the M, The M, the U, the N, the I, the T, The Y, the S, the O, the F, the U, The C, the K, the Y, the O and the U!

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El ucraniano Danny Nedelko. 

 

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La escoria te saluda

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El concierto de Idles estaba a punto de terminar. Durante las últimas dos horas Tabbot y sus compañeros apenas se habían dirigido a los mexicanos que aguardaron durante dos años a que sus conciertos en nuestro país pudieran realizarse.

Aunque el Covid no ha desaparecido, los empujones, los escupitajos y el vaho que nubló la atmósfera del concierto de Idles en el Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes nos recuerda, como en su canción, que los seres humanos somos escoria.

Entre negacionistas de Covid y antivacunas: la otra pandemia

Es casi hasta el final que los británicos se refieren a “Danny Nedelko” como una canción a favor de los inmigrantes. Después clausurarían su segunda actuación en México, la primera tuvo lugar un día antes en House of Vans, con un track abiertamente antifascista: “Rottweiler”.

El privilegio consciente

Ese día por la mañana los integrantes de Idles ofrecieron una conferencia de prensa. Además de cantar “My way” a capela, Joe respondió a nuestra pregunta sobre si la situación mundial, que transita entre una pandemia y una invasión militar, ejerce algún tipo de presión en ellos como artistas a la hora de componer.

“Ninguna, porque somos parte del privilegio. Lo que nos toca es hacer conciencia de ese privilegio y utilizarlo para hablar de cosas importantes. Nuestro compromiso como artistas es con las personas que escuchan nuestra música, compran nuestras camisetas y los boletos para nuestros conciertos. Queremos que se diviertan”, explicó Joe.

 

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Por la noche el grupo formado en Bristol convirtió sus palabras en acciones. Con un show copado de energía, en el que el bajista Adam Devonshire, los guitarristas Mark Bowen y Lee Kiernan, y el baterista Jon Beavis estimularon los viejos lugares comunes del rock: el slam, el crowd surfing y el único que se saltaron fue el encore.

Porque Idles nos rafagueó 24 canciones prácticamente sin pausas y eludiendo la fastidiosa pantomima de “hago como que me despido y ustedes me piden más”.

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Originalmente, la agrupación abridora sería Wet Leg. Durante su comparecencia con los medios, Joe Tabbot bromeó diciendo que “seguramente habían recibido una mejor oferta”, pero al final explicó que su cancelación se debía a complicaciones logísticas.

Fue así que la agrupación sonorense Margaritas Podridas saltó al ruedo. Con un set de aproximadamente media hora, una de las apuestas más prometedoras de la escena indie se aseguró de pulverizarnos los tímpanos.

El cuarteto sirve un menú de especialidad shoegaze, pero también le rasca con fuerza al punk estilo de Bikini Kill. Prueba de ello es “No quiero ser madre por obligación”, que hizo eco del reclamo feminista que tiene en el mes de marzo uno de sus puntos anuales de ebullición.

La ex Rotten Daisies, hoy Margaritas Podridas, florecieron con fuego y relámpagos en medio de un bodegón con acústica infame y nula visibilidad.

Ya casi para despedirse Carolina, la bajista y cantante, nos dijo: “a ver si con ésta ya se agarran a putazos… pero con cuidado”.

Haz la guerra con amor

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Esas son las batallas que nos gustan. No como la necedad de Putin. Las de los cuerpos que inyectados de adrenalina por la música en vivo, se quieren acariciar a madrazos. Los esqueletos que truenan por debajo de la piel mientras la música nos calienta violentamente la sangre.

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El concierto de Idles en el Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes se podría resumir en el último verso de “War”, una de las que se escucharon anoche: “Nos vamos a ir todos derechito al infierno”.

Porque ya lo dijo Mark Twain: el paraíso lo prefiero por el clima, el infierno por la compañía.