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Sexo y relaciones ¿Por qué las mujeres los prefieren casados?
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Sexo y relaciones

¿Por qué las mujeres los prefieren casados?

Muchas veces ellas nos desprecian sin saber por qué. Quizá es porque no eres un hombre casado que quizá, podría ofrecerle lo que quiere sin tanto compromiso.


¿Por qué las mujeres los prefieren casados?

Uno sabe cuándo quitarse el anillo de casado y guardarlo en el bolsillo; pero, ¿sabemos los efectos que provoca la deslumbrante argolla cuando la llevamos en el dedo anular? Sorprendente, pero para muchas chicas puede despertar más emoción que una tarjeta dorada que cruza la mesa para pagar la cuenta.

joven mujer en ropa interior

“Cada vez que teníamos que vernos por asuntos de trabajo, él trataba de ligarme, pero no era mi tipo”, dice Olga, quien se volvió amante de Rodrigo, uno de los hombres que lleva la contabilidad de su oficina. “Nunca me llamó la atención, sinceramente; hasta el día que olvidó quitarse el anillo de casado. ¿Cómo un hombre tan inseguro pudo ligarse una mujer? Esta curiosidad me hizo platicar con él y darme cuenta de que tiene un ‘no sé qué’.” Confesiones así las escuchamos con más frecuencia de lo que podríamos imaginar. “Fulano tiene un no sé qué”. Pero, vamos, sabemos perfectamente lo que tiene: una sortija del tamaño del mundo. De acuerdo a un estudio del Instituto en Investigación y Psicología Clínica, el 45% de los esposos mexicanos han sido infieles en al menos una ocasión. El mismo informe arroja que el 25% convierten esta canita al aire en una relación extramarital, principalmente en el trabajo. ¿Cuál es entonces el verdadero poder del anillo? ¿Por qué hay mujeres que sienten una atracción inexplicable hacia todo hombre que lo posee?

Para Olga, Rodrigo se volvió un atractivo al representar un reto, “pero no un reto por ser una persona brillante o compleja, sino porque para obtenerlo tenía que ser arrebatado a otra persona”, dice Julie, su confidente y amiga. Olga niega rotundamente esta percepción, pues confiesa que él ha demostrado ser un ‘encanto’, aunque no deja de preguntarse qué hubiera pasado si jamás hubiera olvidado desprenderse de su anillo. ¿Seguiría pareciéndole un tipo cualquiera? Definitivamente, la sortija jugó su papel en esta relación; al pedirle a Olga que definiera el supuesto encanto que esconde Rodrigo, ella responde que es “serio… es un hombre que sabe lo que quiere“.

¿Dónde quedó el compromiso?

En el imaginario colectivo, las mujeres piensan -quizás con toda autoridad- que los hombres eluden el compromiso. Un hombre que posee un anillo le dice al subconsciente que ha podido comprometerse. Tal vez sea cierto en algunos casos, pero no es la regla. Al menos, no en el caso de Judith, una exitosa publicista que, ante su sorpresa, está perdidamente enamorada de un hombre casado al que conoció en un bar. ¿Qué razones la llevaron a este punto? Ella supone que fue su falta de compromiso, nunca le ha gustado tener relaciones a largo plazo y un hombre casado le garantizaba ese amor a medias. Justamente la dosis que ella necesitaba en ese momento de su vida, sin autoridad para celarla ni controlar sus horarios. Aunque ahora acepta -con cierto dejo de pena- que le encantaría que todo saliera a la luz y por fin Mario tuviera que dejar a su mujer, como le ha prometido en juego desde hace ya dos años. Sobre el anillo, ella responde que, en efecto, lo llevaba puesto la noche que se conocieron y que, a pesar de coquetearle con naturalidad, nunca ocultó su estado civil; a ella le pareció genial, pues creyó que podía ser divertido.

¿Por qué somos infieles?

Sobre la cuerda floja

Aunque no se siente orgullosa de admitirlo, Fátima lleva toda su vida saliendo con hombres casados. “Desde que Jorge, mi primer ligue, dejó a su esposa para dormir conmigo todas las noches, supe que eso no era lo mío”. Su experiencia le ha permitido ver que el poder del anillo radica en el riesgo a ser descubiertos. Cuando ha andado con solteros, siente que algo le falta a su relación. “Me encanta ser cariñosa con mi pareja, pero porque sé que en cualquier momento volverá a su casa. Cuando lo tienes todos los días, el hombre pierde todos sus encantos”, sentencia Fátima. Hay amantes que se han convertido en esposas; así ocurrió con Karen, quien con tan sólo 25 años, ya está casada con un hombre mayor, que comenzó a visitarla desde que ella apenas salía de la adolescencia. “En esos tiempos, no conocía a nadie que irradiara experiencia, era yo muy joven”, cuenta. Hoy en día, ya que se ha convertido en su mujer, no sabe cómo correrlo de su departamento, que él le compró, por cierto.

mujer causa infidelidad

Pero ella opina que el esplendor de la sortija se debe a que evoca la experiencia. “En la época de mi madre, los hombres casados eran quienes ya la tenían, en el terreno del sexo; tal vez la sortija significaba una especie de sello de garantía, volvía al sujeto mucho más varonil y superaba a los don nadie que apenas buscaban esposa”. Evidentemente, en pleno siglo XXI, esta intuición ha caducado; sin embargo, Karen dice que quizás en algún rincón de la psique, las mujeres continúan con esa creencia clavada como estaca. En ese sentido de herencia de comportamientos, surge de nuevo la historia de Olga. Ella ha contado a Julie que sigue con Rodrigo porque le garantiza días enteros de sexo, sin que ella tenga que salir a ‘ligar’ al antro o tenga que coquetear con sus compañeros de la oficina. ¿Es la sortija un arma para atraer chicas conservadoras, que prefieran una vida sexual sin tener la obligación a dar el primer paso? O acaso será el brillo el que deslumbra a quienes no buscan compromiso. Puede prometer experiencia, compromiso a futuro o pura adrenalina, pero también es posible que evoque una sensación de competencia contra un ser indescifrable. Como sea, si un hombre casado sale a ‘ligar’ con la sortija puesta, al menos para ellas se convierte en un blanco contra el que lloverá una gran cantidad de dardos.

Los hombres las prefieren rubias, pero las mujeres prefieren hombres casados. Al menos eso contestó el 90% de un grupo de estudiantes, a las que se les preguntó si tendrían una relación con un candidato casado. Universidad de Oklahoma.

txt: Andrei Vásquez

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