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PERRIJOS: nuevos integrantes de familias

Escrito por: Walter Gassire Gallegos

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Texto por:  Erik Rosales

Los perros vistos como hijos parecen conformar un nuevo tipo de familia. Escuchamos o vemos este hermoso e intenso vínculo entre humano y perro cada vez con mayor frecuencia. Tú, persona que me estás leyendo quizá eres papá de un perro o como mínimo conoces a alguien que así lo vive. Por lo que asumo que te han juzgado o bien, tú has cuestionado la salud mental de quien considera a su can, un hijo.

La Familia a través de los años

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Éstos seres, que desde que nacen saben dar amor y que a muchos nos cuesta comprender por qué viven tan pocos años, han acompañado al ser humano desde hace siglos. Se les ha considerado el mejor amigo del hombre por su gran lealtad y amor incondicional. En este sentido, hablar de perrijos como una nueva tendencia es un tanto contradictorio, pero seamos claros, hay una pequeñísima línea que diferencia lo que era tener un perro acompañando en los días de caza; a el tener un perrijo que se le debe hacer un espacio en tu cama como parte del respetar sus derechos de hijo legítimo y miembro de la familia.

¿Es sano tratar a un perro como a un miembro de la familia? ¿estamos frente a un caso de petofilia?

Estas interrogantes las escucho con regularidad entre conocidos y también en artículos que han tratado de abordar el tema, aunque yo difiero con la mayoría, pues suelen simplificarlo en categorías tales como: “los que tratan a su perro como un hijo” “los que lo tratan como mascota” “los que tienen una petofilia”. En su mayoría suelen confundir o mezclar estos tres.

En mi opinión hay una inmensa variedad en las formas de vincularse con sus perros. Sí, así como las relaciones interpersonales son complejas y muy diferentes, de igual forma ocurre con nuestros perros. Si tú, lector, consideras tener a tu perro-hijo, probablemente estás pensando algo como: “¡claro! Pues es que hay perros muy malcriados” o quizá, “¡exacto! Es que hay papás que no le celebran el cumple a su perro, hello!”, pero ahora no me refiero a que hay muchas maneras de tratar a un perro como miembro de la familia, que además, entre la mayoría de dichas familias no hay ningún problema, sólo en pocos casos quizá sí habrá algún trastorno. Vamos, que no es lo mismo quien viste al pobre animal por más calor que haga, lo siente en la mesa, lo lleva a un hotel de lujo, le monte su habitación, a que por ejemplo: le quiera tanto que efectivamente se le considera parte de la familia pero no lo humaniza.

Marcaré dos diferencias en la forma de vincularse con el perro-hijo:

La primera implica que la persona atribuye al perro características de un humano, ¿qué hace un humano? pues come en la mesa, se enoja contigo y te hace la ley del hielo o en ocasiones no escucha razones. El humano debe vestirse, disfruta ver la tele, etc. De entrada, esta gente más que enferma me parece sumamente desinformada, ¿cierto? Porque el perro, por más lindo que es, no necesariamente quiere que le trates así, por supuesto, le encanta el vínculo contigo, pero no deja de tener su naturaleza canina, le gusta correr, saltar, olfatear otros perros, leer mensajes que le dejan otros por las
banquetas, responderles con orina o dejarlos en visto, etc. Y si el can ya ni quiere salir de casa, seguramente es porque siempre le has privado de esos placeres.

Por otro lado estamos, me incluyo, quienes le queremos como otro “miembro de la familia”, pero no le vemos como si fuese humano, sino como un perro, es decir, un animal que efectivamente es súper lindo, es muy cariñoso, es muy leal, disfrutamos muchísimo pasar tiempo con él, le protegemos como a alguien de nuestra familia o incluso más, porque un perro es más dependiente que una persona o un hijo que lo que quiere es alejarse de ti.

La segunda diferenciación que quiero dejar clara es que básicamente unos tienen un trastorno y otros son sanos. En otras palabras, unos efectivamente ya tienen cierto desequilibrio y ésta afirmación tendrá que ver no solamente con su forma de tratar a su perro, sino que debemos observar su funcionamiento en su entorno social, es decir, ¿es capaz de relacionarse con otras personas? ¿o está aislado del mundo social? O sea, que si éste sujeto que dice tener un perrijo, solo encuentra satisfacción con un ser irracional, aclaro que los perros sí tienen un nivel de razonamiento, pero vamos, no hay una introspección en el perro y mucho menos una plática ¿verdad? Entonces, estas personas de las que podríamos decir que ya hay que hacerles una cita con un psicoterapeuta, son quienes verdaderamente limitan su forma de vivir y además son incapaces de desengancharse de un poco del perro.

Porque muchos queremos demasiado a nuestro perro, y sí, lo vamos a cuidar, lo vamos a proteger, lo vamos a consentir, pasaremos tiempo con él, pero aquí hay una gran diferencia con los que recién describí. Nosotros estamos conscientes de que es un perro, y, lo más importante, es que tenemos una vida social normal, sana y funcional. Convivimos con otras personas, es decir, tenemos amigos, quizá pareja, también familia (humana), etc., y tenemos una consciencia de que el gran amor con nuestro perro que definitivamente es real y que no tiene nada de malo, pero que éste ser, es un perro, no vamos a poder platicar con él, no es una relación como con un ser humano, es una relación linda, sí, leal también, pero no dejamos de querer y de disfrutar convivir con humanos.

A manera de conclusión te dejo unas ideas:

  • Gastar muchísimo dinero en un perro, no es sinónimo de enfermedad, incluso quizá tampoco lo ven como un ser humano. Probablemente tampoco como ven como hijo. Es una conducta extraña, sí, pero no necesariamente es lo que nos dará la pauta para creer que tiene un trastorno.
  • El perro efectivamente es un ser muy amoroso y nosotros, como seres humanos capaces de amar, podemos establecer un increíble vínculo con él, pero hay consciencia de que es una relación entre persona y perro.
  • Quienes han creado un tipo de adicción a su perro o se han aislado del mundo social prefiriendo la relación con éstos hermosos seres que no hablan, pueden tener un problema para relacionarse con sus iguales.
  • Para decir que alguien tiene un problema, no depende de su forma de tratara su perrijo, es más importante observar que siga siendo funcional en su entorno, en su relación con otros seres humanos, es decir, que no sustituya ese vínculo con el de tener amigos, pareja o familia humana.

Mi opinión como psicoterapeuta y por supuesto, desde mi experiencia con Pipo, mi perrijo, es que la experiencia es muy agradable y de hecho no podemos reemplazar con una persona el tipo de relación que tenemos con nuestro perro, sin embargo, tampoco podemos reemplazar el convivir con humanos al tener a un perro. Te invito a seguirme en twitter e Instagram como @erickroba en donde podrás conocer mi perro; y en fb @TerapeutaERICKRoba.

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