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La Bocha; placer del Cono Sur

Más que un simple asador argentino, este restaurante cuenta con una esencia propia. Destaca, además de por sus exquisitos platos, por detalles que hacen que […]


Escrito por: Revista Open
La Bocha; placer del Cono Sur

Más que un simple asador argentino, este restaurante cuenta con una esencia propia. Destaca, además de por sus exquisitos platos, por detalles que hacen que cada visita del comensal se convierta en un viaje inesperado.

En REvista OPEN te presentamos un gran asador argentino en polanco La Bocha

Por Alfonso Franco

Una primera vista es capaz de formar un juicio completo sobre un restaurante. La bienvenida a este lugar la da la cocina, no los anfitriones ni las mesas; es el horno de leña que abraza los sentidos del comensal con aromas ahumados y que provocan la sospecha de que algo muy bueno está por venir.

La planta alta aloja el comedor, una estancia de techo alto, clásico de las casas antiguas de esta zona de la ciudad. Todo en el sitio hace alusión al polo, deporte popular en Argentina que ha sido opacado por el fútbol; de hecho, una bocha es el nombre de la pelota del juego, y de ahí la inspiración para bautizar al restaurante. Cascos de jugadores, sillas de montar, pelotas y fotografías alusivas a esta disciplina visten la atmósfera de manera amable, fresca, sin hacer énfasis en la caballería.

Efectivamente, La Bocha es un asador argentino; pero es uno que rompe con los lugares tradicionales que se autodenominan como tales. Aquí no está Gardel o Maradona, la música es jovial y el ambiente es bastante relajado. Al tomar asiento, casi en automático, llega a la mesa una generosa porción de pan hecho ahí mismo, en el horno de leña, humeante, con sal gruesa, y acompañado de un ajo caramelizado listo para untarse. El personal, por otro lado, siempre está a la orden, sin ser invasivo. Cuando el comensal desea que se le muestre la carta, ésta llega en formato gigante: es tan grante que antes se coloca un caballete para montarla.

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Después de una inspección del menú en gran formato, llega el momento de comprobar si el tamaño habla del potencial de la comida. Para comenzar, una buena elección es el carpaccio de pulpo; o alguna de las empanadas estilo argentino que, en comparación con otros sitios, sí distinguen sus sabores e ingredientes dependiendo de la región del país en las que están inspiradas.

La oferta gastronómica en este sitio es muy amplia y de porciones generosas; comenzando por las ensaladas y terminando por los alfajores; en medio, pasamos por una gran variedad de cortes, alcachofas, pescados y pastas artesanales; elegir bien es una opción inteligente, pues poco espacio queda para probar mucho más.

Entre las especialidades de La Bocha están las costillas de res malbec, las cuales son cocidas muy lentamente y se sirven con puré de papa y hongos; ambos combinan perfectamente bien con la suavidad de la carne. Además, cada una de las pastas que se sirven en este lugar están hechas ahí mismo, de manera artesanal. La elección es complicada, sí, pues pueden ser las cuerdas de violín arrabbiata, el rigattoni san Telmo (con salchicha italiana, pomodoro y mozzarella), o incluso el risotto nero con pulpo asado.

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Aunque también ofrecen pizzas, lo recomendable a la hora de visitar un sitio propositivo como éste es probar algo que no usualmente se halla en otra parte. Por ejemplo, el pescado a la maderita, horneado sobre una tabla de cedro que va quemándose y le da un sabor particular al plato, junto con el glaseado, el vino y la mostaza.

Mientras en muchos otros lugares el vino de la casa no es particularmente bueno, en este restaurante ocurre lo contrario. El vino La Bocha es un ensamble de cabernet sauvignon con toques de zinfandel; una mezcla equilibrada que va bien con todo el menú del lugar, sin llegar a ser un vino joven, fresco y frutal, con sus notas de barrica que no son muy complejas. Algo interesante de esta etiqueta es que fue ideada por el enólogo mexicano Hugo D’Acosta.

Por lo que respecta al resto de la carta de vinos, la variedad es bastante amplia en cantidad y en ofertas de distintos países, dejándole un lugar muy respetable a los ejemplares mexicanos. Se puede pedir vino por botella, por copa, e incluso en una damajuana de uno y medio litros.  

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