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Glouttonerie: Restauración del Paladar

Restaurar platillos tradicionales constituye un desafío que pocos deciden tomar. Es mucho mayor cuando se trata de una cocina extranjera, como la francesa, de meticulosa […]


Escrito por: Revista Open
Glouttonerie: Restauración del Paladar

Restaurar platillos tradicionales constituye un desafío que pocos deciden tomar. Es mucho mayor cuando se trata de una cocina extranjera, como la francesa, de meticulosa elaboración y a la que hay que tratar con respeto.

En Revista OPEN un lugar para paladares exigentes Gloutonerie Polanco

Por Alfredo Sánchez
Fotos de Miguel Ángel Manrique

Todos tuvimos alguna vez algún amigo, primo, tío o padrino a quien nos gustaba visitar por la mera comodidad, buen gusto y calidez de su hogar. Esa casa elegante donde, si bien no podías hacer y deshacer a tu antojo, tampoco te sentías como en un aparador de museo donde no se puede ni respirar. Una casa en la que aspirarías, de grande, a hacerla tu espacio. Pero, ¿y qué si en medio de este ambiente sofisticado te toca tener la suerte de degustar exquisitos alimentos en la mesa?

Es la impresión inmediata que uno tiene de Glouttonerie, un restaurante de comida francesa restaurada, ya con más de seis años en operación, la cual surgió por el interés de Marco Cooley, empresario apasionado de la cocina, que lo abrió en un principio como una pequeña table gourmande que ofrecía delicados platillos de corte francés. Gracias a la demanda de los comensales, Cooley optó por abrir un restaurante en forma, situado en la esquina de Campos Elíseos y la glorieta de La Martine, en Polanco.

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De hecho, es precisamente la ubicación –además de la estupenda cocina y la acogedora decoración- otro de los grandes aciertos de Glouttonerie. Y es que la experiencia no sería completa si alguno de los tres elementos no estuviera presente.

Su decoración, con énfasis en la madera oscura y el gris en el interior; si bien no es exclusivamente masculina, seguro se antoja para ir a beber un par de tragos con los amigos saliendo de la oficina. Y si la ocasión se antoja romántica, la terraza pinta como una excelente opción, sin descartar  las mesas de los rincones de la sala principal.

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Glouttonerie se anuncia como un restaurante de cocina vintage, en su carta no se pretenden aires de modernidad –aunque esto no significa que no estén presentes. Lo que encuentras en el restaurante son platillos de cocina francesa tradicional con un ojo en la innovación de algunos ingredientes, pero siempre con el otro ojo –y el paladar- bien puesto en la buena sazón y en la preparación de los mismos. Lo que hace el equipo detrás de la cocina de Glouttonerie, comandados por su chef Anuar Estrada –formado en Les Moustaches, por el chef Rafael Bautista-, es crear y recrear platillos constantemente al proponer ingredientes del día, y así transformarlos en platos sencillos, naturales y exquisitos.

Entre la oferta gastronómica que ofrece Glouttonerie, los Escargots à la Bourguignon y Costillas de Cordero, constituyen un obligado del restaurante; excelentes opciones ambas. Como entrada, la Terrina de Foie Gras con mermelada de higos, o las crocantes tartas alsacianas a la leña, son capaces de ponerse al tú por tú con los caracoles. Mientras que en el plato fuerte, las costillas, en su punto, tienen como dignos competidores a un pollito de leche con hongos salteados, una deliciosa pechuga de pollo con calvados o un atún a la parrilla con aceitunas negras y albahaca que pone a salivar a cualquiera desde su presentación.

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La cava de Glouttonerie merece mención aparte. Pero, sobre todo, el servicio y capacitación de los meseros, quienes son capaces de sugerir maridajes para todos los tiempos. Lo que distingue a Glouttonerie de otras muy buenas cavas en México es la forma de presentarla al comensal: la WineBox, un objeto único que es el resultado de más de 700 horas de trabajo en el que participaron de la mano diseñadores industriales, diseñadores gráficos y sommelier. Se trata de una manera amigable de disfrutar el vino, al presentar una selección de etiquetas dentro de una caja de madera, donde se despliegan varias series de tarjetas divididas por país y, en la que cada una despliega una completa ficha técnica de los caldos. Personalmente, sugiero a los afortunados que visiten este sitio que se dejen poner en sus manos a la hora de maridar el postre; el cual puede ir desde una tarta tatin, hasta un espresso de chocolate que no tiene comparación.

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