El rostro detrás del miedo: Stephen King

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TEXTO POR: MANUEL MEZA

Un hombre de 1.93 metros de estatura camina por la acera de la avenida principal de una pequeña ciudad. Su paso es lento, pues va con tiempo de sobra para reunirse con su familia en el cine local, pero un ruido apenas perceptible lo hace voltear y encontrarse de frente con una camioneta que descarriló en la autopista lateral y desvió su rumbo para terminar destrozando la mitad del cuerpo del que es el escritor estadounidense más famoso…

¿DÓNDE ESTÁ CHRISTIAN BALE?

Stephen Edwin King (Maine, 1947) sobrevivió apenas al accidente antes descrito, pero el conductor –un drogadicto que lidiaba con su pitbull queriéndose comer la carne que acababa de comprar sin retirar el pie del acelerador– murió 15 meses después por razones ajenas al suceso, justo en el cumpleaños 53 del escritor. La anécdota doblemente trágica bien podría ser el argumento central de una de las 59 novelas, 10 colecciones, 5 libros de no ficción y cientos de cuentos que el ahora septuagenario autor ha aportado al imaginario de cientos de millones de lectores que lo han elevado a tesoro internacional.

Ayudó que muchas de sus obras (empezando por la primera, Carrie, publicada en 1974) hubieran sido adaptadas al cine con éxito. La película, protagonizada por Sissy Spacek y dirigida por Brian De Palma en 1976, pasó a ser un clásico del cine de terror y ayudó a elevar el estatus del entonces profesor universitario que estuvo a punto de desechar la historia de esa apocada adolescente con poderes que muchas víctimas quisieran para castigar a sus hostigadores.

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Con una presencia mediática continua en sus casi 50 años de carrera, King es ahora –para muchos– la inspiración que para él fueron esos cuentos de HP Lovecraft que encontró en el ático de la casa de unos familiares y que es lo único que inadvertidamente le heredó su padre cuando salió de la casa que compartía con él, su hermano y su mamá para no regresar jamás. El pequeño Stephen siguió a su madre en su deambular por varias ciudades para tratar de ganarse la vida, hasta que regresaron a Maine, el estado donde reside hasta la fecha y que ha sido escenario de muchas de sus historias.

COSAS QUE NO SABÍAS DE CUARÓN

Su imaginación infantil se alimentó de cómics de horror y un programa radial que escuchaba a escondidas de su madre: Dimension X, dirigido por Fred Wiehe y Edward King, y narrado por Norman Rose, que empezaba así: Aventuras en el tiempo y el espacio… contadas en tiempo futuro. Desde ahí, la adicción a asustarse se convirtió en el motor creativo del adolescente educado en el metodismo, religión que abandonó entrando a la universidad, donde se convirtió en tan férreo crítico del presidente Richard Nixon como es ahora de Donald Trump.

Soy un escritor comercial, pero escribo sólo para complacerme a mí mismo y para entretenerme. Para mí, mis libros son como películas caseras”.

EN PANTALLA

Muchas de las reservas que se han tenido en contra de la obra de King vienen del amasiato con la industria del entretenimiento que mantiene hasta la fecha; pero el hecho de que directores como Brian De Palma, David Cronenberg y Stanley Kubrick hayan puesto sus manos en material creado por él, habla más a favor que en contra de la calidad de su trabajo.

Con Salem’s Lot (1975) y The Shining (1977), King fue consolidándose como un exitoso artesano del miedo, pero por más que su trabajo fuera ganando sustancia con cada nueva publicación, la crítica especializada seguía despreciando su prosa naturalista y ese efectismo desbordado que tanto ha seducido a realizadores como George A. Romero y Stanley Kubrick (por mencionar sólo algunos). En 2003, cuando era ya la superestrella de la literatura norteamericana que sigue siendo, y recibió la medalla por su contribución a las letras que otorga cada año el National Book Award, el crítico literario Harold Bloom se refirió a la distinción como un “terrible error”. Para Bloom, el autor no estaba a la altura de otros condecorados previos como Philip Roth, John Updike o Toni Morrison y remató con la siguiente frase: “El triunfo de King es el gran emblema del fracaso de la educación de este país”.

Aunque el autor fuera abordando narrativas más ambiciosas y saltando de un género a otro (The Tommyknockers/87, Dolores Claiborne/92, The Green Mile/1996), al fondo de todo seguía estando el ansia infantil de quien devoraba los cuentos de Ray Bradbury y Robert Bloch, pero sobre todo las tiras cómicas con monstruos saliendo de lagunas negras, o los cuerpos usurpados por criaturas alienígenas invasoras del incipiente cine Serie B. Su capacidad para plasmar alegóricamente las diferentes formas que puede adoptar el miedo es una de las más grandes aportaciones que Stephen King ha hecho a nuestro imaginario colectivo.

Así hizo con Pet Sematary (1983) y –sobre todo– con It (1984), una de sus novelas más logradas y que aportó al payaso Pennywise al cuadro de honor de figuras del horror contemporáneo, justo al lado de clásicos como el vampiro o el hombre lobo, esa bestia mitológica que es eje temático de Cycle of the Werewolf (1985), una colección de relatos que reelaboran el mito del hombre lobo y que incluye “Silver Bullet”, historia adaptada eficazmente al cine por Daniel Attias, con Corey Haim en el papel del chico discapacitado que enfrenta al sangriento asesino que acecha su ciudad.

Por mucho que la versión de The Shining (Kubrick, 1980) se haya convertido en un clásico, King no quedó para nada complacido con el resultado, criticando desde la elección del reparto –sobre todo a Jack Nicholson– hasta los emplazamientos de cámara y un desconocimiento del género que no dejó de echarle en cara al director y que trató de corregir años después con una miniserie de tres capítulos de la que nadie quiere acordarse.

Lo curioso es que de sus mejores libros es de donde han salido las mejores adaptaciones. King quedó particularmente satisfecho con lo que Andy Muschietti hizo de It (2017), de la cual este año se estrena la segunda entrega. Misery (Reiner, 1990) ha sido otra de las glorias salidas de su universo donde lidia –en tono tragicómico– con el peligro del éxito y la relación escabrosa que ha mantenido con su legión de fans en la figura de ese escritor atrapado en una cabaña con una lectora que no está nada contenta con su decisión de matar a uno de los personajes de su serie de novelas favoritas. Desnuda de elementos sobrenaturales, tanto el libro como la película elevan la relación entre fan y estrella a niveles enfermizos que ahora vemos convertidos en la norma en redes sociales, de la que el autor es asiduo contribuyente y donde ya ha sentido el rigor de dicho intercambio con el bloqueo en Twitter que le dio el presidente de su país.

Castle Rock (Shaw/Thomason, 2018) es una inquietante serie que retoma personajes del universo de Stephen King sin ser técnicamente una adaptación.

La polarización política que hemos visto desplegarse el último lustro sería el perfecto caldo de cultivo para las historias más representativas de la carrera de Stephen King, pero el miedo para él ahora no proviene de lo que pudiera esconderse detrás del armario de su cuarto o debajo de la cama, sino de esos demonios microscópicos capaces de navegar por el sistema nervioso y arruinar ese entramado de terminales que hacen seguir funcionando al cerebro como una máquina de contar historias. Cuando le preguntaron en una entrevista por sus principales temores, mencionó la escena que abre la película Iris (Eyre, 2001), donde la brillante autora Iris Murdoch no puede recordar el nombre de esas cosas enormes con ramas donde se posan los pájaros. Que la mente y la lengua sean incapaces de nombrar al árbol del jardín es el demonio más temido para un autor que ha usado al lenguaje como escudo, pero también como lanza. ]

EN PAPEL

Stephen King solía escribir bajo el seudónimo de Richard Bachman para poder publicar más de una novela al año sin abrumar a sus lectores. La serie de libros bajo ese nombre consiste en novelas negras que fueron publicadas entre 1977 y 1984; King ha vuelto a utilizarlo incluso después de haberse descubierto.

 

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