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7 momentos en que nos damos cuenta que la privacidad es inexistente

Escrito por: Revista Open

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Durante toda su vida adulta, Michael Jackson se quejó de que la prensa no lo dejaba vivir en paz. La realidad era que el nombrado Rey del Pop tenía una relación enfermiza con los periodistas y fotógrafos a los que tanto decía odiar. A Michael le era imposible vivir sin la atención mediática a su alrededor. Los quince minutos de fama se han convertido en letra de cambio y haremos lo que sea por ellos. Y no sólo eso, la necesidad de estar conectados con los otros, nos hace renunciar a nuestra privacidad en la primera oportunidad. Aquí te compartimos 7 momentos en los que queda bastante claro que nuestra sobada privacidad nos vale un carajo.

1. Darle cada detalle de nuestra vida a Facebook


Más allá de compartir nuestras fotos, sin el menor problema le decimos a esta red social dónde estudiamos, dónde trabajamos, con quién tenemos una relación y hasta nuestras creencias religiosa. Información que hace salivar a las marcas que quieren saber todo de nosotros.

2. Tuitear cada una de nuestras actividades y estados de ánimo

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Ya no nos limitamos a hablar de qué hacemos, ahora también decimos cómo nos sentimos con respecto a ello. Hemos perdido todo pudor al momento de revelar a la menor provocación, nuestras emociones y sentimientos. ¿La ironía? Nos es más sencillo compartir con cientos de personas, que encarar nuestros sentimientos frente a frente con un individuo.

3. Ofrecernos como carne de cañón al mejor postor


Nos impactan las noticias de personas que son compradas, vendidas y rentadas como productos, mientras nos tomamos la foto más favorecedora posible para alguna de nuestras redes de ligue.

4. “Sí, acepto los términos de uso”


Somos cuidadosos con nuestra firma. Leemos (casi siempre) lo que firmamos, analizamos, y sí se trata de un compromiso pesado, recurrimos a testigos y abogados. Pero todo esto se nos olvida si lo único que tenemos que hacer es dar un simple click.

5. “Mándame fotos”


Nuestras privadísimas fotos en el celular se convierten en asunto público cuando una persona con la que hemos cruzado dos palabras a través de una red de ligue nos pide imágenes para “seguir platicando”.

6.   “Aquí estoy”


Cómo si nuestras emociones, imágenes e ideas no fueran suficiente, somos capaces de soltar nuestra ubicación vía GPS en tiempo real y para la vista del público.

7. Mejor todos juntos


Para cerrar, la otra cara de la moneda. Preferimos echarnos la mano, a mantenernos en una burbuja. Cada momento difícil como sociedad, lo compartimos y vivimos en conjunto. Nos echamos la mano con el tránsito, nos avisamos de los peligros o placeres que se encuentran en un lugar, nos encontramos con un completo desconocido que tiene el mismo punto de vista que nosotros acerca de algo. Renunciamos a nuestra privacidad por una necesidad primigenia de compartir con el otro, de estar cerca. Visto así, nuestras fotos íntimas dando la vuelta a la red, no nos parece tan malo.

Por @richiedf

 

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