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Celebridades

Deconstruyendo a Michael Jackson (Parte 2)

Es la esperada segunda parte del análisis al Rey del pop Michael Jackson. Te contamos sus escándalos y sus éxitos.


Deconstruyendo a Michael Jackson (Parte 2)

Texto e Ilustraciones por: Manuel Meza 

TE INVITAMOS A LEER LA PRIMER PARTE DE ESTA CONTROVERSIAL SEMBLANZA AQUÍ:

Deconstruyendo a Michael Jackson (Parte 1) 

 

CONTROL DE DAÑOS

Por más que se intentó modificar esa oscura narrativa a través de un matrimonio fallido –con la hija de Elvis, nada menos– y un genuino anhelo cumplido de ser padre, Jackson pasó la última parte de su vida intentando revivir su carrera y regresar a ese lugar donde dijo sentirse siempre seguro: el escenario. Pero las grietas del personaje ya fueron imposibles de resanar y su intento final por reclamar su corona en una ambiciosa gira europea le costaron la vida en medio de un escándalo que evidenció un serio problema con las drogas.

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Su muerte pareció ser el último espectáculo circense donde la atracción ya no era Bubbles –el chimpancé que tenía de mascota– sino el cuerpo maltrecho de un hombre de mediana edad consumido por el dolor físico, la ansiedad crónica y todos esos secretos que intentó llevarse a la tumba. Las oscuras circunstancias de su muerte en el verano de 2009 resultaron en un juicio y condena a su médico particular por negligencia, pero más inquietante resultó el escrutinio mediático que convirtió a los noticieros en improvisadas salas funerarias escrutando el cadáver del rey del pop, un escurridizo monarca que se estremecía de humildad cada vez que lo llamaban así, pero que no tuvo empacho en ponerle Prince a sus dos hijos varones.

ESPEJO EMPAÑADO

Su legado artístico parecía intacto a casi diez años de su fallecimiento y “la gallina de los huevos de oro” seguía generando riqueza (muchos dicen que más que si siguiera vivo) por medio de regalías y una serie de bienes que incluyen los derechos de uso del catálogo de Los Beatles. Pero hay una propiedad de la que han querido deshacerse y es hora que no han podido: Neverland, ese rancho de 11 kilómetros cuadrados que ahora es epicentro de una tormenta generada por un documental donde dos recurrentes visitas a ese idílico lugar describen con lujo de detalle los actos sexuales a los que –aseguran– Michael Jackson los sometió cuando eran niños.

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Michael Jackson en números 

I’m starting with the man in the mirror / I’m asking him to change his ways…, cantaba Michael en la melosa balada “Man in the Mirror”, el séptimo track del álbum Bad (1987), compuesta por Glen Ballard y Siedah Garrett, y producida por el mismo Jackson con Quincy Jones. Hoy, esas supuestas “maneras” del artista están de nuevo enfrentando opiniones, desafiando lealtades y afectando intereses millonarios.

El documental Leaving Neverland, dirigido por el británico Dan Reed (transmitido en marzo pasado por la cadena HBO ha generado un frenesí en el que se debate la credibilidad de dos víctimas confesas y sus motivos para hablar ahora de unos hechos terribles que la corte de California ya se se ha pronunciado incapaz de procesar debido al tiempo transcurrido.

Pero si algo ha logrado Leaving Neverland –que no es poca cosa– es contribuir a esa discusión que cuestiona a todo un sistema que permite a figuras del mundo del entretenimiento –y de la iglesia católica, los corporativos y la política, hay que decirlo– ser encumbradas de tal manera que sus actos parecieran estar por encima de toda ley. Que las víctimas logren encontrar cierta paz al contar sus desgarradoras historias y convertirlas en cuentos aleccionadores podría ser un desenlace positivo, pero la pregunta que queda en el aire es qué hacer con el legado de este artista excepcional.

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¿Cómo reconciliar esas historias terribles con los beats infecciosos y los movimientos fuera de este mundo de un prodigio que levantaba una mano enguantada de lentejuelas blancas al cielo, mientras con la otra tocaba sus genitales en un paso de baile? Al poner en duda los testimonios de Wade Robson y Jimmy Safechuck (las voces principales del documental), ¿estamos tratando de proteger a un dios o estamos ejercitando esa ceguera voluntaria tan parecida a la fe para seguir disfrutando sin ningún remordimiento de “Billy Jean”, de “Thriller” o de –ojo– “Smooth Criminal”?

 

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