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¿Dónde está Christian Bale?

Escrito por: Walter Gassire Gallegos

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TEXTO POR:  Manuel Meza

Un actor perdido entre personajes y con la ventana a su vida privada casi completamente cerrada. Alguien que entendió más temprano que tarde que correr riesgos era casi tan vital como convertirse en cómplice de los realizadores directores, trazando su propia ruta profesional, pero inspirándose en actores tan difíciles de encasillar como Gary Oldman.

Durante una ceremonia de premios, Christian Charles Philip Bale (Gran Bretaña, 1974) tuvo la osadía que su humor británico le permite de agradecer a Satanás por su inspiración para interpretar al ex vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney en Vice (McKay, 2018), por la que ganó como mejor actor. Su atrevimiento generó titulares, pero lo más curioso fue que a muchos les extrañó su acento británico: a pesar de que el actor ha vivido en Los Ángeles desde hace casi 20 años, la manera en que se pierde en sus papeles y la variedad de su filmografía han desdibujado esa parte biográfica que es dada por hecho para las celebridades.

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Muchos se habrán enterado apenas de que está casado desde el 2000 con Sibi Blazic y que tiene dos hijos, y quizá pocos sepan que es hijastro del ícono feminista Gloria Steinem, con quien su padre se casó tres años antes de morir. Al indagar un podemos ver una extraordinaria trayectoria, pero poco de lo conflictuado que Christian ha estado con la industria y que cuando menos pensó ya era el único que aportaba dinero a su familia y cambiar de rumbo no era opción: “Estoy feliz de haberme convertido en actor, pero creo que lo ideal es empezar más tarde. Hay algo horrible, vergonzoso y desesperado en el término actor infantil porque aunque de niños todos jugamos a ser otras personas y usamos naturalmente nuestra imaginación, ser arrojado de repente a un mundo de adultos donde hay dinero, plazos y se te exige hacer cosas a tiempo, eso puede arruinar la diversión y también crear esa fea imagen de los padres viviendo a través de sus hijos”.

Sin duda, su salto a las grandes ligas fue prematuro: después de hacer un par de comerciales y participar en una serie de televisión, llamó la atención de Steven Spielberg, quien lo eligió de entre otros cuatro mil niños para protagonizar Empire of the Sun (1987) como a Jim, un niño atrapado en el Shanghai invadido por tropas japonesas durante la II Guerra Mundial.

Ese drama épico dio paso a que Kenneth Branagh lo considerara para Henry V (1989) en la odisea del rey británico por reivindicar su honor enfrentando a los franceses. La adolescencia, Christian la pasó entre sets cinematográficos, probándose en musicales (Swing Kids, Newsies) y aventuras (Prince of Jutland, Little Women) que fueron importantes para irse haciéndose de un nombre y porque durante una de esas filmaciones Winona Ryder le presentó a su actual esposa, que era asistente de la actriz.

Alfonso Cuarón, más allá del director…

Pero Christian empezó a ejercer su arriesgado criterio al aceptar el papel del periodista Arthur Stuart en Velvet Goldmine (1998), el estupendo homenaje al glam rock de Todd Haynes, quien les jugó una broma a él y a Ewan McGregor cuando filmaban una escena de sexo en la azotea, cortando sin avisarles para dejar que ellos siguieran simulando el encuentro sexual. Y aunque su personaje no fue el más atractivo del filme que generó un culto, la experiencia sirvió para que otros directores de la década notaran sus agallas y lo mantuvieran en su radar.

Así fue como –a pesar de los consejos de muchos– Christian decidió aceptar el papel de Patrick Bateman en la adaptación que Mary Harron hizo de American Psycho (2000), la novela más exitosa de Bret Easton Ellis, que describe de forma más alegórica que literal el ascenso del yuppismo al imaginario capitalista en plena efervescencia. Con todo el rigor banal que aplicó a su físico, Bale se inspiró en Tom Cruise al verlo en una entrevista de televisión en la que notó una simpatía exagerada que no se reflejaba en su mirada vacía.

American Psycho, un atrevido y estilizado chapuzón en las aguas de la misoginia y la homofobia, dirigida por una feminista, elevó aún más la estatura del actor, que ya había trabajado con Jane Campion y Gilliam Armstrong y que después coloboró con Werner Herzog (Rescue Dawn), Terence Mallick (The New World, Knight of Cups), Michael Mann (Public Enemies), Zhang Yimou (13 Flowers of Nanjing), Ridley Scott (Exodus: Gods and Kings) y dos directores con quienes afianzó su presencia tanto en el cine alternativo como en las grandes producciones: David O. Russell (The Fighter, American Hustle) y Christopher Nolan (la exitosa trilogía de Batman y The Prestige).

Aunque no llega a los extremos del método de Daniel Day-Lewis, Christian Bale sí mantiene el acento que utiliza para sus personajes durante el proceso de filmación y algunas veces su maleabilidad corporal tiende a eclipsar los productos en los que participa, como pasó con The Machinist (Anderson. 2004), la historia de un obrero insomne para la que perdió casi 50 kilos y cuya experiencia describió así: “Si estás perdiendo peso no hay nada más que irte a la cama con hambre y sintiéndote miserable, sin socializar con nadie porque generalmente hay comida o bebidas involucradas en el acto de socializar. Pero hay un gran sentimiento de control sobre tí mismo y luego lo opuesto, cuando estás ganando peso, pierdes totalmente la disciplina y te atascas como loco. Necesito parar porque no es saludable. Estoy a la mitad de mis cuarenta y empezará a pasarme factura si no presto más atención a mi mortalidad, pero he disfrutado esas transformaciones mentales y físicas porque es de gran ayuda mirarte al espejo y no reconocerte, alejarte lo más posible de ti mismo a partir de un personaje”.

Por primera vez, Bale decidió asesorarse profesionalmente para perderse en el cuerpo maltrecho y la mente maquiavélica de Dick Cheney en Vice, la dinámica sátira política de Adam McKay por la que ya ganó el Globo de Oro y que seguramente lo pondrá en la misma terna en los premios Oscar, estatuilla que ya recibió hace 9 años como actor de reparto. Pero si algo queda claro es que estamos ante un actor para el que no hay papel pequeño, alguien que se sigue emocionando con su oficio y que aprendió a disfrutarlo sin dejar que el estrellato afecte su vida personal, seguro de que el misterio es parte esencial de un actor y reacio a entrar al juego de la celebrity al negarse a hacer comedias románticas y abordando al superhéroe con ambición artística sin considerar el cálculo mediático sino privilegiando ese espíritu colaborativo que tanto aprecian los directores.

“Soy obsesivo, pero no de la misma forma que mucha gente. No voy a ver muchas películas; no soy cinéfilo. Me interesan más las experiencias del proceso de hacerlas y si resultan buenas es la cereza del pastel, pero para mí, ese proceso es lo que persigo y disfruto. Yo diría que –en mi vida– la música y los libros estarían antes que las películas”.

 

FILMOGRAFÍA ALTERNA

Estos títulos pudieron haber pasado de largo entre la exitosa trilogía de Batman, pero nos da una idea del interés del actor por colaborar en proyectos de narrativas interesantes, estéticas arriesgadas y temáticas poco abordadas en películas más enfocadas en recaudación de taquilla. No en todas es el protagonista total, pues como él dice: –“Un actor nunca debe ser más grande que la película en la que actúa”

Metroland (1997)

Dir: Philip Saville

Con: Lee Ross, Emily Watson y Elsa Zylberstein

Lo más cercano a una comedia romántica que haya hecho en su carrera se trata de una historia donde el dilema de su personaje se centra en dejarse llevar por el hedonismo de su juventud en París o continuar su vida tranquila con la esposa que eligió en Inglaterra.

Velvet Goldmine (1998)

Dir: Todd Haynes

Con: Ewan McGregor, Jonathan Rhys Meyers y Toni Collette

Su papel tal vez no sea el más lucidor, pero el dinamismo de la puesta en escena y la ambición de Haynes hicieron de esta película un testimonio de una época vibrante que brindó muchísimo a la cultura pop de hoy.   

Laurel Canyon (2002)

Dir: Lisa Cholodenko

Con: Kate Beckinsale, Frances McDormand y Alessandro Nivola

Es divertido ver una actuación tan medida de parte de Bale en el papel del hijo conservador de una productora musical desmadrosa (estupenda McDormand) con un novio rockero propenso al pansexualismo en el ambiente bohemio californiano.

The Machinist (2004)

Dir: Brad Anderson

Con: Jennifer Jason Leigh y Aitana Sánchez-Guijón

Esta drama de suspenso sicológico se merecía más público y reconocimiento del que tuvo. Al final, el compromiso actoral de Bale (su impresionante pérdida de peso) jugó en contra de su interesante guión y estética opresiva.

Harsh Times (2005)

Dir: David Ayer

Con: Freddy Rodríguez, Eva Longoria y J.K. Simmons

El director de Training Day la vuelve a hacer con otro drama urbano donde la violencia y el choque entre el bien y el mal se concentran en la vigorosa interpretación de Christian, que improvisó todo lo que quiso en el set.

The Flowers of War (2011)

Dir: Zhang Yimou

Con: Ni Ni, Zhang Xinyi y Huang Tianyuan

Esta película tal vez sea excesivamente melodramática y recuerde demasiado a una película de Ingrid Bergman (The Inn of the Sixth Happiness), pero el espectáculo visual del director y la actuación de Bale son suficientes pretextos para darle una oportunidad.

Out of the Furnace (2013)

Dir: Scott Cooper

Con: Casey Affleck, Woody Harrelson y Zoe Saldana

Este duelo actoral entre Bale, Affleck, Harrelson, Dafoe y Shepard es una explosión de testosterona con un protagonista en busca de su hermano problemático enfrentado a un desquiciado criminal.

The Promise (2016)

Dir: Terry George

Con: Oscar Isaac, Charlotte Le Bon y Angela Sarafyan

Bale admitió sentirse avergonzado de no saber del genocidio armenio y por eso aceptó participar en esta película en un papel de soporte. La crítica no trató muy bien al director de Hotel Rwanda, pero el compromiso de los actores eleva la solemnidad del filme.

 

 

 

 

 

 

 

 

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