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Mauricio López – En búsqueda de una mejor vida

Escrito por: Walter Gassire Gallegos

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“Aunque ganas bien y vives bien (en Estados Unidos), cualquiera que desee hacer otras cosas, lo tiene más difícil que en México”.

El año 2000 fue un parteaguas en la vida de muchas personas. Mauricio, que entonces tenía sólo tres años, con la llegada del milenio se mudó a Carolina del Norte con su familia. Su mamá, dos tíos y sus hermanos fueron quienes realizaron este trayecto en busca de una mejor vida.

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A pesar de contar con DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), aplicar para financial aid resultó una imposibilidad para él.
No todos los familiares que emigraron juntos se quedaron allá, pero él sí y asumió la responsabilidad de estar a cargo de su madre. Luego de una serie de eventos como el vencimiento de su permiso y un lío de posesión de drogas, apresuró su necesidad de volver a México. Además, la llegada de Donald Trump a la presidencia amenazaba su estatus, así que tomó la decisión de realizar el peregrinaje de vuelta a la ciudad que lo vio nacer, borrando de tajo su futuro en aquel país.

Freddy – Talento con regreso forzado a México

“Aunque ganas bien y vives bien, a cualquiera que desee hacer otras cosas le resulta más difícil con respecto a México”, asegura Mauricio. ‘Vivir bien’, para un indocumentado, significa contar con algunas cosas materiales, pero invertir la mayor parte del tiempo y energías en trabajar. Además, la vida allá es muy solitaria: “Hay muchos mexicanos que trabajan en construcción, por ejemplo, que trabajan desde las 5 de la mañana hasta las 7 de la noche”. Las jornadas laborales son exhaustivas, pero es la única manera de sacar adelante a la familia (esté allá o acá).

La situación política y el duro proceso de deportación que vivió su hermano fueron factores decisivos para retomar la ilusión que siempre tuvo de volver a México. Sus raíces –dice– acabaron por llamarlo y siempre tuvo presente el orgullo de ser mexicano. Al final, el cambio no significó una pérdida grande, pues todo lo que dejó atrás son cosas materiales, mismas que puede obtener de este lado del muro siempre y cuando se lo proponga.

Su primer año en México se presentó difícil. Además de no hablar bien español, desconocer la cultura y las tradiciones, el reencuentro con una familia que sabía que existía pero con la que nunca había convivido. Volver a tener una identidad le costó trabajo y la factura que cobran el tiempo y la distancia interpuesta entre los familiares cambiaron las dinámicas de esas relaciones generando un quiebre muchas veces irreparable.

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Tras superar una depresión, el sismo del 19 de septiembre le sacudió el mundo como a millones de mexicanos. No sólo le hizo replantear las cosas importantes de la vida sino que sacudió sus creencias y lo hizo cuestionarse por qué volvería a Estados Unidos; la única razón que encontró fue el dinero. Ahí volvió a emerger su espíritu emprendedor… Ahora cuenta con dos empresas: una marca de ropa cuyos diseños fusionan las dos culturas a las que pertenece (la que lo formó como el joven trabajador que ahora es y la que lleva en la sangre) y posee un taller donde fabrica playeras.

Mauricio sigue cargando con responsabilidades y siente que en sus manos –y en las de otros dreamers- está la posibilidad de construir un México mejor para todos aquellos que se encuentran en Estados Unidos, así como generar las oportunidades y la confianza que erradiquen de una vez por todas la inquietud de migrar a aquel país con todos los peligros y vejaciones que ello implica.

 

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