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Sexo y relaciones

¿Qué tan bueno es el Dirty Talk?

por Walter Gassire Gallegos
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Decirle a nuestra pareja mientras tenemos sexo, cosas como “déjame entrar y sentir tu intimidad” o “¿me permites?, voy a introducir mi pene en tu vagina”, no surte el mismo efecto que soltar una de esas frases que dicen lo que realmente queremos. ¿Por qué se produce ese fenómeno?

En la vida cotidiana, empleamos las palabras con fines de comunicación para expresar deseos y pensamientos; mientras que en la cama, el lenguaje sólo tiene la finalidad de despertar los más oscuros deseos de la libido. Nadie imagina a la maestra de sus hijos diciendo algún diálogo de película porno. Estas “malas palabras” poseen un raro hechizo: se transfiguran. Dejan de ser negativas o agresivas para transformarse en placer, deseo, sensualidad y goce.

El acto sexual se vuelve una perfecta oportunidad para liberar los deseos más profundos y las fantasías más creativas, razón por la cual surgen expresiones, gestos, gemidos y palabras sensuales frecuentes, llegando así muchas veces al éxtasis del orgasmo. Eso que se dicen las parejas al momento de hacer el amor; es decir, el dirty talk, se caracteriza por una enorme variedad de palabras o frases alusivas al acto carnal, en sus diferentes niveles de agresión verbal, las cuales varían de acuerdo a la dinámica de una pareja o a la persona.

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El lenguaje, los modismos, la entonación, deben ser los indicados pues, como en toda comunicación, si el receptor no logra decodificar el mensaje o lo malinterpreta, sólo nos resta esperar un desastre.

“Cuando mi hombre y yo estamos en la mejor parte, yo no me corto. Me encan- ta decirle con palabras sucias lo que quiero que me haga; por ejemplo, que me estruje los senos, que pase su lengua por todos lados. Me gusta decirle lo fantástico que es su miembro…”, cuenta sonrojada Alicia, de 23 años. y continúa cada vez más excitada (lo cual comienza a preocuparnos), “me encanta que me llame ‘zorra’ y que amenace con destrozarme por todos lados. Pero en fin, no siempre son las mismas palabras, depende de la excitación que tengamos”, finaliza ligeramente agitada.

Los términos obscenos tienen la potencia de convocar afectos, pasiones y tabúes, permitiéndonos disfrutar libremente nuestras emociones eróticas. Esta potenciación apoyada en la oralidad, es uno de los recursos a la hora de incentivar el éxtasis sexual, al igual que los disfraces o los ‘juguetes para adultos’, pero no todos tienen la misma elocuencia oral. 

Pareciera que, en parejas donde las palabras no son prohibidas a la hora de encontrarse bajo las sábanas, el diálogo erótico se enriquece y nutre las fantasías. Hablar mientras se consuma una relación sexual nos permite jugar a ser un violador, una prostituta, el médico con la enfermera o simplemente un desconocido. y de esta manera, desplegar roles y personajes, sin poner en riesgo nuestra verdadera (y a veces sucia) personalidad.