Experiencias

Arquitectura orgánica con raíces mexicanas – El nido de Quetzalcoatl

por Walter Gassire Gallegos

 

Por: Ingrid Cubas

Como todo arquitecto, Javier Senosiain partió de proyectos con formas ortogonales para cambiar de idea al realizar su proyecto de tesis.  Al tratarse de un centro deportivo quiso respetar la fluidez y libertad características de los deportes para experimentar con construcciones curvas al mismo tiempo que comenzó a involucrarse con la relación que distintas especies mantienen con su hábitat, adaptado a su cuerpo y sus necesidades; este fenómeno se repite en todo tipo de animales, a excepción del hombre. Fue así como el arquitecto optó por realizar obras basándose en los principios de la arquitectura orgánica* y desarrolló estructuras de formas libres que además de alojar a sus habitantes, se tomaran en cuenta aspectos físicos y psicológicos que los beneficiaran.

Nido 1

En el caso del nido de Quetzalcóatl, el proyecto arquitectónico ubicado en Naucalpan,  comenzó con la necesidad de crear 10 departamentos en un terreno de 5000 m2 que cruza una cañada en diagonal. 

Ya que habían cuevas se probó colocar la cabeza de una serpiente en una de ellas y de pronto el parecido como resultado final de la obra era imposible de ignorar, así que agregaron una forma que simula su cascabel a la altura del estacionamiento.

Con el paso del tiempo se adquirieron otros terrenos para no perder la vista panorámica del espacio con miras a hacer un parque museo en los alrededores de estos departamentos integrados a la naturaleza.

Javier Senosiain suele darle un valor muy importante a la cultura mexicana en sus proyectos. Afirma que “si algo se conoce de la plástica mexicana es su volumetría pesada y su color tan presente. Son algunos de los detalles que nos dan identidad desde la época prehispánica. La pedacería de azulejo y el color también están muy presente en las pirámides. Prácticamente, el concepto lo da el análisis del sitio y la identidad de la cultura, somos un país privilegiado en ese aspecto y es un regalo”. Fue así como al titular su edificación, Quetzalcóatl vino a su mente, la serpiente emplumada, cuyo nombre deriva de quetzal como el ave majestuoso con plumas iridiscentes y cóatl que se traduce como serpiente; esta asociación terminó por dar los toques finales a la obra buscando imitar esa tonalidad tornasolada.

Nido 1

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