Humberto Padgett – las huellas del narco y la violencia

por Walter Gassire Gallegos

“Hay una mano del Estado que recibe el dinero de la amapola y otra que la destruye y se saca la foto tumbando la flor que representa tres meses de intenso trabajo para un campesino que camina tres horas de su casa para evadir la posibilidad de que le caiga el Ejército o la Marina. Y que cuando les cae, estando ellos en el terreno, los extorsiona invariablemente. Lo que ha hecho violento a Guerrero y que está detrás del tema de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa es la competencia entre cárteles por el monopolio del cultivo y procesamiento de la amapola”.

Por Sergio Ramos.

¿Qué convirtió a la sierra de Guerrero en el epicentro nacional de la siembra de amapola, por encima incluso de la región del Triángulo Dorado que comparten Sinaloa, Chihuahua y Durango? En 1971 el presidente Richard Nixon emprende su cruzada contra las drogas. Se desarticula la llamada “conexión francesa” que permitía el envío de amapola de Turquía al sur de Francia donde se procesaba para convertirla en heroína y mandarla a Estados Unidos.

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Es entonces que la demanda estadounidense de droga sinaloense crece entre 80 y 90%. Por otro lado, la operación Cóndor que destruyó cientos de hectáreas de sembradíos en la sierra sinaloense obligó a los narcos locales, protegidos por agentes de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad, a escapar a otras partes del país y buscar otras regiones propicias para la siembra de amapola y marihuana. Guerrero era, por su situación geográfica, clima, pobreza y corrupción de las autoridades locales, propia el negocio.

En su libro más reciente, Guerrero, los hombres de verde y la dama de rojo (Ediciones Urano, 2016), el periodista Humberto Padgett rastrea los orígenes del narcotráfico en el suroeste de México que hoy está incendiada por la violencia. Para documentarse, viajó a los campos amapoleros en el interior de la sierra guerrerense y se entrevistó con viejos campesinos que hoy recuerdan cómo en la década de los setenta empezaron a llegar los narcos sinaloenses con promesas de dinero y prosperidad. Actualmente, el 25% de la droga producida en México sale del Triángulo Dorado, el 60% de la sierra de Guerrero y el 15% restante de estados como Nayarit, Estado de México, Hidalgo, Jalisco y Oaxaca.

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Háblame sobre el viaje que hiciste a la sierra de Guerrero para entrevistarte con los campesinos que siembran amapola y marihuana.

Fui a Guerrero después de la masacre de los estudiantes de Ayotzinapa. En ese momento las cosas estaban tibias y razonablemente seguras. Los contactos los hice a través de terceros que me llevaron con sus terceros y en algún momento hubo la posibilidad de subir hasta la zona amapolera. Recordemos que Guerrero es un estado vasto en el que mucha gente se dedica al cultivo de la amapola. Yo acudí para conocer la condiciones sociales en que se desarrollaba la siembra sin meterme con los nombres de la gente que controla el cultivo. De esa manera el responsable de esa región dio la autorización.

“No se puede entrar sin permiso. No es que se te ocurra meterte un día en la sierra de Guerrero y buscar sembradíos porque eres fácilmente detectable, tu presencia no autorizada puede ocasionarte algún problema y es un lugar orográficamente muy complejo. Yo sin ningún problema me hubiera perdido de no ser porque estuve acompañado por personas que conocen la región. Yo quería ir desde hace años porque en 2010 entré a los campos de marihuana en Tierra Caliente, en el momento en que estaba más intenso el conflicto entre los Caballeros Templarios y la Familia Michoacana. Para este viaje primero llegué a Acapulco, luego nos regresamos a Iguala, pasamos a un lado de Cocula donde está el famoso basurero donde presuntamente fueron quemados los cuerpos de los 43 estudiantes y nos internamos hacia la sierra.

¿A cuánto tiempo de distancia están los campos de amapola desde la cabecera municipal de Cocula o Iguala?

Una vez dejando atrás Cocula, empiezas a ver los campos de amapola en las laderas de los cerros. Los distingues porque el color de la amapola cuando está naciendo es de un verde claro y contrasta con el verde oscuro de la selva. Toda esa región está intensamente sembrada de amapola. Parecen cuadros rasurados en las laderas de los cerros. Íbamos en mi camioneta pero tuvimos que dejarla por dos razones: la instrucción que a mí no me habían desde al principio (se la habían dado a uno de los intermediarios) era que teníamos que ir en un vehículo abierto porque se tenía que ver quiénes íbamos y cuántas personas íbamos. Dejamos mi camioneta a un lado del camino y transbordamos otra todo terreno que no tiene nada que ve con una Hummer o con este tipo de camionetas de lujo en que la parafernalia del narco está instalada más por mitos que por realidades.

“Son brechas en las que con frecuencia tienes ladera o precipicio a un lado y muro al otro, con muchos agujeros, raíces, piedra floja, que exigen además alguien que conozca bien ese terreno y los vericuetos de la sierra. Luego de varias horas llegamos a una zona de la sierra donde Eulogio, un campesino que conoce bien toda esa región, sembró amapola durante décadas y en la que sus hijos y sus nietos lo hacen ahora.”

En tu libro queda claro que un buen porcentaje de la población rural de Guerrero se dedica a sembrar amapola aunque el gobierno haya querido obligarlos a que siembren frijol o maíz. ¿Eso es algo reversible como sucedió en Colombia con la sustitución de cultivos o es algo que ya quedará permanentemente en los pobladores de Guerrero?

En este sistema económico y con la relación que mantiene con el campo es irreversible. El frijol, el maíz, la calabaza o el chile se han convertido en cultivos para el autoconsumo.

Pero tampoco no ganan la gran cantidad sembrando amapola…

La posibilidad de que puedas tener una camioneta, de que puedas pagar un médico siempre particular porque en esas regiones no hay medicina institucional, que puedas eventualmente enviar a tus hijos a la secundaria o a la preparatoria, que puedas tener una televisión, eso te lo da el cultivo de la marihuana y de la amapola. Desde luego, no los saca de la pobreza. Pero además tenemos un estereotipo de que el narco es un hombre sumamente rico, con camisas Versace y cinturón de piel

Que los hay…

Sí, pero no es una regla. ¿Pertenecen en realidad al mismo mundo un lavador de dinero que vive en Polanco y un sembrador de amapola que vive en la sierra de Guerrero? De acuerdo al criterio torpe de la ley, sí, pero de acuerdo a la realidad social que vivimos son personas que viven en extremos contrarios. ¿Pertenecen al mismo mundo un halcón de esos que nos estaba viendo mientras andábamos veredeando en la sierra de Guerrero que un gobernador de Tamaulipas que ha recibido 50 millones de dólares de Heriberto Lazcano? No. Esa gente siembra amapola por una razón que les es un tanto ajena. Les es ajena la importación del cultivo y les son ajenos los beneficios económicos que hay hacia arriba. Estamos hablando de que de acuerdo con autoridades estadounidenses la venta al menudeo al año de heroína representa 27 mil millones de dólares. Esa cantidad equivale al PIB de Guerrero, Chiapas y Oaxaca: los tres estados en los que se siembra amapola en la región suroeste del país. ¿Tu ves esos 27 mil millones de dólares en esos estados? No, de ninguna manera. La gente de Guerrero que siembra ha vivido de esa manera desde que están en la infancia y que entienden al gobierno como una estructura inevitable y siempre corrupta. Eso es un hecho que está completamente interiorizado en ellos. A mí me llama la atención que comprenden al gobierno como una fuerza similar a la de un huracán.

El gobernador Astudillo planteó hace unos meses la posibilidad de legalizar la amapola con fines medicinales para acabar con la violencia en la sierra de Guerrero. ¿Cómo ves eso?

Muy bien. Supongamos que en África, en uno de estos países como Etiopia o Somalia en que están los niños con los ojos pelones y les caminan las moscas, llega un barco lleno de alimentos, trae comida, trae leche en  polvo, trae medicinas, sueros, pero es contrabando ilegal. Entonces la gente dice: ¡Quemen ese pinche barco lleno de contrabando! ¡De ninguna manera van a decir eso! Pues eso estamos haciendo acá. La destrucción de la amapola representa la pérdida de las únicas vías de sustento para miles de familias en Guerrero. Estamos importando medicamentos derivados de opiáceos. ¿Para qué? Podría haber una industria farmacéutica mexicana dedicada al asunto. La gente sabe sembrarla, el clima es propicio para obtener una amapola de buena calidad que produce una buena cantidad de goma de opio, entonces para qué la estamos destruyendo. Es una situación sumamente perversa. El cultivo de la amapola llegó, se reprodujo con el incentivo del mismo Estado en su faceta criminal y luego este mismo Estado es el que va y les destruye en su faceta supuestamente legal.

“Hay una mano del Estado que recibe el dinero de ese producto y otra que la destruye y se saca la foto tumbando la flor que le representa tres meses de intento trabajo a un campesino que debe caminar tres horas de su casa para evadir la posibilidad de que le caiga el Ejército o la Marina. Y que cuando les cae, estando ellos en el terreno, los extorsiona invariablemente. Lo que ha hecho violenta esa parte de Guerrero y que está detrás del tema de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, es la competencia entre los cárteles por el monopolio del cultivo y procesamiento de la amapola. Entonces, la conversión en un cultivo lícito dejaría sin el incentivo de las macroganancias que otorga la falta de regulación, pagarían impuestos, se incorporaría a un sistema legal a esos campesinos que no tienen otra opción. Es más fácil desincorporar de la ilegalidad esos cultivos que hacer rentable el maíz y el frijol.

Pero también dejaría sin sus ganancias a militares, policías y políticos que reciben su tajada con esos cultivos ilegales.

Por eso es que es tan difícil legalizar esas drogas y por eso es que nunca sabremos qué es lo que pasó con los estudiantes de Ayotzinapa: porque saber qué ocurrió en realidad representa comprender la red de corrupción en la que están conectados autoridades municipales, estatales, federales, civiles, militares de ahorita y del pasado.

 

En el libro hablas sobre la llegada de la amapola y la marihuana a Guerrero con los narcos sinaloenses que en la década de los setenta vieron la posibilidad de replicar lo que habían hecho en el Triángulo Dorado pero en Guerrero.

 

Durante la década de los setenta hubo fuertes desencuentros entre los gobiernos de México y EUA por el tema del cultivo de drogas. El destino de la amapola mexicana siempre ha estado amarrado a los esquemas de consumo en EUA y en ese tiempo el brote de amapola en Sinaloa tenía como contexto mundial la guerra en Vietnam, la desconexión de una ruta de heroína turca que pasaba por Francia. Entonces los sinaloenses empezaron a ocupar ese espacio vacío de negocio. Los estadounidenses exigieron que hubiera un programa de erradicación que resultaba ser ambientalmente muy nocivo. Empezaron a destruir los plantíos en un momento en que los cuerpos policiacos de la Dirección Federal de Seguridad estaban muy relacionados con los narcos sinaloenses a los que ofrecieron protección. Gracias a ello, muchos narcos se mudaron a Guadalajara, lo que tendría como resultado la fundación del Cártel de Guadalajara y el uso de Guerrero para la siembra a causa de las condiciones propicias. Y, además, con el cobijo de un ejército que existía para perseguir a la guerrilla, a la disidencia comunista encabezada por Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. Los narcos sinaloenses se establecieron ahí e hicieron  grandes negocios juntos, de manera destacada Caro Quintero y Miguel Ángel Gallardo Félix. Ahí se implanta una estructura criminal en la que participaba incluso el famoso general Miguel Arturo Acosta Chaparro quien, por un lado, tenía a su cargo el asunto de la desaparición de los disidentes, y por otro lado, la protección a los narcos. Incluso los mismos narcos dicen que no solo posibilitaba sino que también el propio general sembraba amapola en un pueblo llamado Corral de Piedra.

¿Se les da demasiada importancia mediática a capos como El Chapo Guzmán o al Mencho, concentrando en ellos toda la estructura del negocio y de los crimenes de las drogas?

El Chapo, preso durante siete años, se fuga o es liberado. Por alguna razón es el gran señor de las drogas luego de siete años en la cárcel, el inalcanzable, el que controla regiones enteras no solo de México sino del mundo. Lo detienen de nuevo y comete el error de fugarse por segunda vez y entonces lo vemos sometido y humillado: ese es el verdadero Chapo. Es un hombre a quienes los agentes del Estado encumbran y reducen a la verdadera dimensión. ¿Qué es lo que hace posible al Chapo sino el favor de los que tienen el verdadero control de la actividad criminal que hacen que los flujos de dinero y droga pasen o no? El mejor ejemplo es el de Tamaulipas. No es Osiel Cárdenes Guillén, no es Heribeto Lazcano, a quienes detienen o se les mata. Los verdaderos jefes de la delincuencia organizada son los gobernadores tamaulipecos: es Eugenio Hernández y Tomás Yarrington. Y hay una foto sumamente emblemática con cada uno de ellos en la que van en el asiento de pasajero de una enorme camioneta suburban y quien les está manejando es Enrique Peña Nieto. ¿Cuándo en sus sueños más locos el Chapo, Osiel Cárdenas o Arturo Beltrán soñaron que el hombre que sería presidente de la república la haría de sus choferes? ¿Quién le daba protección al Chapo? Es claro, simplemente se rotan los nombres, se cumple con la cuota de detenciones, se mantiene el gran show en vivo de estos sujetos a los que se etiqueta como enemigos públicos.