Experiencias

¿Aún tienes a tus padres? Habrías de cuidarlos…

por Walter Gassire Gallegos

POR: WALTER GASSIRE (WalterGassireOf / Walter_gg)

Cuando eras niño -y tuviste la oportunidad de tener  a tus dos padres- la vida parecía ser muy buena. No había preocupaciones, no tenías que gastar si te enfermabas y además tenías atención las 24 horas.

Si solamente tenías a uno de los dos, seguramente su cariño significaba lo mismo; es decir, no te faltaba nada.

Hubiera recursos o no, tú eras feliz jugando con aquel viejo juguete que probablemente aún conserves y además, no había mejor momento en la semana que irlos a despertar para que te pusieran a “Chabelo” los Domingos. Llegando el fin, podías ver a tus primas y primos y si era necesario, jugabas con ellas a lo que ellas ordenaran por que, tú, eras feliz en ese momento.

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Peleabas con tu hermano o tu hermana mayor por que pasaba la mosca y al final, todo se arreglaba con una ley del hielo de 2 días…

Si mamá cocinaba, era divertido intentar ayudarla aunque al final le dejabas más tiradero del que realmente habría de haber. Estar en cama con papá era maravilloso pero era aún más padre cuando se animó a comprar aquella bicicleta en la que te enseñó a andar.

¿Aquellas navidades? ¡No había nada más divertido que espiar las pláticas de los adultos e insistir por los regalos que sabías te correspondían! y que tal asegurar que alguna vez pudiste ver a los reyes o a Santa…

Te aburrías sin control cuando tenías que acompañarlos al trabajo y aún así, cuando no aparecían en un periodo de tiempo por sus labores, te sentías el “abandonado”.

Te llevaban a la escuela y muchas veces se retrasaban en poderte recoger, y ahí no había excusas, tu molestia era evidente ya que no habían estado en tiempo y forma y les iba peor que cuando tú llegas tarde a la oficina ahora.

Ir en el carro insistiendo con la pregunta ¿falta mucho? y solamente desear ver aquellas caricaturas que tanto te gustaban -que además- solamente eran permitidas ya que la tarea se hubiera terminado.

Asombrarte de las cosas que guardaba tu madre como fotografías tuyas de bebé en la tina de baño, ropa y hasta ¿por qué no? en muchas casas los dientes de leche y mechones de cabello…¿Recuerdas que te causaba terror y le decías que no lo hiciera?

Y ¿qué tal cuando ya ibas en la secundaria y te dabas unos buenos agarrones con ellos porque eras incomprendido? y al final, te dabas cuenta que te habías equivocado pero jamás salía un perdón de tu boca…mejor hacías algo bueno por ellos.

Una frase que un día me dijo mi madre al llevar 7 materias reprobadas por ser bastante “desmadrozo” (no por burro claro está) fue: 

“Es tu vida, yo no te voy a decir nada. ¿Me has visto desvelándome? es para sacar un pedido que me ayudará a pagar tu mensualidad escolar…Si no quieres estudiar, ok, sólo dímelo para no matarme así. De igual forma, no pierdas tu tiempo y empieza a trabajar…”

¡Que sabia! sin regaño ni castigo, y fue así cómo entendí que era por mi bien. A final de cuentas, a partir de ahí las calificaciones fueron mejorando, mucho hasta el último día de licenciatura.

Sin embargo, hay cosas que pocos agradecemos y que tal vez a la fecha no hemos descubierto; como el simple hecho de que todo lo que mencione antes pareciera que es su obligación: comprar juguetes, llevarte al médico, pagar escuelas, trabajar para ti, recogerte, darte un carro, etc…

Cuando eres joven, ves a tus padres fuertes, indestructibles, como aquellas personas que siempre van a estar ahí y que además, te van a sacar de cualquier situación. Tu padre es aquel hombre invencible que puede ir, venir, no descansar, cambiar llantas, llevar tu carro cuando no puedes al servicio, en fin…aquel super héroe que nunca se fatiga.

Tu madre siempre es bella, tierna y aunque sea gruñona y especial en caso de ser así, la vas a justificar ante todo mundo. Siempre será la que mejor cocine y aunque no lo aceptes, cuando pasa algo de inmediato se da cuenta que no estás bien…Nunca te dirá, pero ella lo sabe.

El tiempo pasa, aplauden tu primer trabajo, reciben con emoción tu primer cheque, aceptarán la invitación a cenar que tanto merecen, en fin, siempre han estado ahí.

Pero ¿Qué pasa con el tiempo? Te vas dando cuenta que las cosas no son las mismas…Tú decidiste salir de su casa para emprender tu camino -mismo para el que ellos te prepararon- y aunque se veían felices y emocionados por aquella primer despedida, no era así en verdad…Al cerrar la puerta aquel día que te fuiste de la ciudad o a tu primer departamento, hubo lágrimas en sus ojos -de emoción también quizá-.

Vas triunfando y con el éxito y tu nuevo ritmo de vida, te vas volviendo distante sin quererlo tal vez, y con el paso de los años empiezas a ver a tus viejos más acabados. Si eran dueños de un negocio propio, las grandes empresas y la venta digital empiezan a absorberlos y lo peor es que no saben lo suficiente de todo eso para poder defender lo que alguna vez fue su emporio.

¿Sabes qué es lo peor? que no te interrumpen y que si te preguntan , la respuesta será cuando tu tengas tiempo; y la forma en la que podrías enseñarles alguna herramienta en la computadora será con poca paciencia y siempre diciéndoles que lo están haciendo mal.

Las enfermedades empiezan a aparecer ¡es normal! tus huesos son fuertes, tus órganos son rápidos de reconstruirse ante alguna situación…Ellos no lo viven igual, su metabolismo empezará a envejecer con ellos y aunque no te des cuenta hasta realmente analizarlo, ya no son los mismos.

Tu padre ya no podrá ser tu super héroe y tu mamá ahora no podrá agacharse fácilmente por las cacerolas que usará para preparar tu comida favorita para aquel domingo en donde decidas visitarlos.

Podrán tener dinero -o tal vez no- y aquellos que te ayudaban a solucionar tus problemas económicos cuando llegaban es probable que no lo puedan hacer, y si sí, será sacrificando algo que ellos tendrán para su futuro.

Nuestros padres no son eternos, y desgraciadamente y como decía Juan Gabriel “El tiempo pasa y nunca perdona”; es así que si aún los puedes saludar a los ojos, hazlo.

Disfruta una llamada de tu madre y platícale lo que haz hecho; si no te ha llamado ella, hazlo tú. Seguramente no lo hace para no interrumpirte.

Visítalos, ve a saludarlos; pon el disco favorito de papá de fondo y propónle hacer juntos un buen asado. 

Escúchalos, ellos lo hicieron contigo desde que echabas esos alaridos espantosos en la cuna. 

Aconséjalos, ellos también podrán entender que los tiempos han cambiado y que ahora, tú estas en el momento exacto.

Involúcralos en tus decisiones, ya que todas las que tomaron por años fue por tu bien.

Entiéndelos, no es fácil estar tantos años en este planeta ¿Te cansas y tienes 30? Imagínate ellos…

Cuídalos, su salud ahora es frágil y si se enferman acompáñalos en el proceso, muéstrate al pendiente y entrega todo lo que sea necesario para que ellos tengan bienestar.

No son perfectos, se equivocan y juzgan a veces nuestro comportamiento, nuestra vida y lo que hacemos, pero al final, recuerda lo que dice arriba; TÚ TE SENTÍAS INCOMPRENDIDO Y AUNQUE ESTABAS MAL, JAMÁS PEDÍAS DISCULPAS…Los patrones se repiten.

En conclusión, si cuentas aún con tus padres, hazlos sentir parte de tu vida y protegidos por ti…

Si no, recuerda todo lo que dice acá arriba para que te conviertas en el mejor padre cuando te toque y al menos en las noches, deja llegar su recuerdo, así siempre los mantendrás vivos…