EN PORTADA

En noviembre: Erika de la Rosa engalana nuestras páginas

por Walter Gassire Gallegos

¡Por fin! Ha llegado noviembre y con él, Erika de la Rosa, nuestra estrella en portada que nos ha dejado sorprendidos con tanta belleza y naturalidad.

La actriz y conductora chihuahuense confesó a esta revista lo mucho que extrañó México durante sus estancias en Florida, las ganas que tiene de volver al teatro y al cine y cuánto está disfrutando su participación en la telenovela Caer en tentación, en la que interpreta a un personaje sumamente complejo, lo cual, no resulta tan difícil y edificante como ser la madre de una niña para la que se esmera día a día en ser mejor y regalarle ejemplos positivos para su vida.

Aquí te dejamos parte de su galería y prepárate, que tendremos muchas sorpresas de la mano de una mujer tan magnífica como lo es Erika…

¿Cómo fue tu experiencia en el concurso Nuestra Belleza?
Participé en ese concurso porque quería una oportunidad para salir de Ciudad Juárez con un boleto directo a una escuela de actuación en la Ciudad de México y una de las cosas que prometían era entrar al CEA de Televisa, pero al día de hoy creo que pude haberme ahorrado eso y venirme a la capital por cuenta propia. Esas cosas ahora me parecen un cuento sin sentido: ojalá cumplieran todo eso que prometen porque de ahí en fuera no veo otra razón para entrarle, aunque las razones son distintas en cada país y las circunstancias de las mujeres para tomar esas decisiones también son diferentes. En otros países muchas lo hacen porque es la gran oportunidad de salir de sus casas, encontrar un trabajo y ayudar a sus familias, pero en mi caso –repito– me lo pude haber ahorrado.

¿Tus inquietudes siempre estuvieron enfocadas hacia la actuación?
Es lo que siempre he querido hacer. Me emociona profundamente mi trabajo y me considero muy afortunada de haberlo tenido claro desde niña.

Platícanos de tu experiencia en las escuelas de actuación en que estuviste.
Estudié en varias de Ciudad Juárez e incluso mientras estuve en la Universidad de Texas el minor de mi carrera era Theater Art. Ahí estudié teatro y ballet, pero cuando vine a la Ciudad de México, me decidí por la escuela del Cefat –de TV Azteca– por sus maestros. Entonces la dirigía Raúl Quintanilla y tenía como maestros a Héctor Mendoza (de los mejores di- rectores de teatro del país), Luis Ibar, Dora Cordero, Ludwik Margules y Luis de Tavira, gente muy reconocida. Mi generación tuvo la fortuna de ser la última que contó con esos profesores.