Sexo y relaciones

Sexo de una noche – el gran mito…

por Walter Gassire Gallegos

Un hombre invita una copa a una atractiva mujer en la barra de un bar; a partir de ahí, entablan una conversación que sólo es requisito para que, luego de unos martinis, estén revolcándose como si no hubiese mañana. La aventura termina, bajo un halo de pudor ambos se visten y cada uno de los satisfechos aventureros emprende el camino de vuelta a su vida rutinaria, sin culpa alguna.  La fantasía de las aventuras de una noche es quizás una de las farsas más grandes que el mundo entero ha comprado a Hollywood, y que cualquiera que cruza las puertas de un bar espera satisfacer, aunque sólo sea por una vez.

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“No eres tú, soy yo”

Jonathan se considera a sí mismo un conquistador eficiente; sus amigas lo tachan de ser un tipo atractivo y con una personalidad magnética. Sin embargo, superar la barrera del ‘ligue de antro’ para consumarla en absoluto es una hazaña que en México ha conseguido solamente en un par de ocasiones, a sus 28 años. “Ligar no es difícil, el problema viene cuando es la hora de decidir abandonar el antro para irnos a pasar la noche juntos. Siempre es necesario un par de “pseudocitas” para romper el hielo y conseguir hacer lo que ambos queríamos desde el principio”, explica este Casanova moderno, que está muy consciente de que pese a sus técnicas y look, hay una gran barrera que no depende de él para ser destruida.

Uno de los principales contrincantes para un seductor esporádico es la cultura en la que se desarrolla el mexicano. “Aunque sí ha cambiado en los últimos años, una mujer que se mete con alguien en la primera noche no deja de ser una puta”, señala con un aire de molestia Natalie. Ella es estudiante en la Ibero que, si bien ha tenido sus contadas aventuras, trata de mantenerlas ocultas incluso de sus amigas más cercanas. “Mientras el hombre termina como héroe, la mujer queda marcada; ni mis amigas que también lo hacen están dispuestas a dejar atrás los estereotipos”, finaliza un poco indignada.

Si la educación machista es un obstáculo, también lo es el hecho de que una gran cantidad de jóvenes aún viven en casa de sus padres. Llegar con una inquieta acompañante para encontrarse a mamá en la cocina, con gula de medianoche, es una pesadilla para muchos que continúan en el nido. Por otro lado, la alternativa de invitar a una chica a pasar la noche (o el rato) en un hotel o motel, trae consigo un eco tan vacío que ahuyenta las hormonas en varias ocasiones. Mauricio, que trabaja como guionista y comprende que una historia bien contada es la llave de muchas puertas, tiene muy claro que nunca se animaría a llevar una aventura a casa. Y aunque en realidad no le apena proponer una poco romántica escapada a un hotel, ha comprobado que no es una solución a los inconvenientes masculinos.

“Creo que es miedo lo que tienen ellas; siendo sinceros, si yo estuviera en sus tacones, tampoco me animaría a subirme al coche de cualquier tipo. Vivimos en una zona de guerra casi, y no me jugaría una oreja por un poco de acción.”

Una realidad poco excitante

Es cierto que uno de los principales engranes del mundo es el sexo; sin embargo, de acuerdo con un estudio llevado a cabo en 500 mujeres estadounidenses, solamente el 36% recurre a este tipo de hazañas de una noche. Una de las principales razones para buscar un one night stand es el deseo de salir de la rutina de la vida en pareja; aventuras pasajeras son la respuesta mágica para ellos, y ellas necesitan solamente un desahogo sexual sin complicar sus relaciones serias. El 17% de las mujeres del mismo estudio afirmó que una aventura es más satisfactoria que el sexo con sus novios. Ya sea como desahogo o como aventura experimental, estos encuentros son menos comunes de lo que parece, aunque la mayoría de la gente tenga la percepción de que es la aventura más maravillosa que podría ocurrirle a alguien.