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Y en este mes del Padre…Los implacables Suárez

por Walter Gassire Gallegos

Bastan unos minutos de escucharlos, para percibir el amor que profesan el uno del otro; los Suárez son el ejemplo de que no existe una guía para trazar una paternidad perfecta, pero sí de que el amor es el instrumento ideal para hilvanar una relación sólida entre padre e hijo.

Nombrar a Héctor Suárez el padre de la comedia en México suena descabellado, pero no porque el talento y el rango de este extraordinario intérprete sea insuficiente, sino porque cometeríamos el error de encasillar a una figura y su trayectoria que abarca muchos más géneros y soportes que ése.

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Open le realizó una entrevista exclusiva a estas 2 figuras del medio artístico mexicano, y parte de lo que nos platico Don Hector Suárez fue lo siguiente:

¿Cómo eres como padre? 

HS: Como padre, soy muy cariñoso y muy amoroso con ellos. Yo hablo con ellos y se me deshoja el tamal, me pongo todo jodido: son el amor de mi vida mis hijos son  lo que más amo. 

Tuve una carrera alcohólica durante muchos años, entré a Alcohólicos Anónimos y ahora hago meditación y eso me ha cambiado mucho…Esto facilitó mucho el desarrollo de este fuerte vínculo entre mis hijos y yo.

¿Cómo fue que dio con su vocación de actor?

HS: Fue accidental. Yo estudiaba arquitectura. Iba yo a ser torero, dejé de hacerlo porque mi mamá lloraba mucho. Luego fui campeón de los guantes de oro en el Deportivo Hacienda de Box… ¡Pinche loco! Jugué futbol americano con los Cheyennes de la Vocacional 2 y un día estaba haciendo mi tarea. Mi hermano Sergio –que estaba enfermo y había pasado muy mala noche– se había ligado a una chava muy bonita como 2 semanas antes y fue a llevarle uvas y manzanas. Él estaba dormido y le dije que no lo despertara porque había pasado muy mala noche y ahí se quedó.

De pronto yo la veía que leía, cerraba los ojos y movía los labios. Le dije:

-¿Qué traes, qué haces?
-Ah, es que quiero ser actriz.
-¡Ah, chingá!
-Estoy estudiando para actriz, este es mi exámen.

La obra era “Enterrar a los Muertos”, de Irving Shaw. Total que me pidió que le ayudara, que le diera los pies porque tenía que aprenderlos de memoria para el ensayo. Entonces le ayudé a leerla y me dijo: -Oye, ¿porqué no te metes de actor?
-Estás loca. No, ni madre. ¿Qué voy a hacer de actor? Pinches putos…

Para que no estuviera jodiéndome, ya a los 2 meses ahí voy de oyente y algo pasó en mi vida. Fue un noviembre de 1958: estaban preparando exámenes –eran de segundo año ya los muchachos– y algo me pasó cuando vi todos los ejercicios que les ponía Carlos Ancira. Levanté la mano y volteó a verme el maestro y me dijo:

-Dígame…
-¿Puedo pasar al escenario?
-¿Qué?
-¿Puedo pasar al escenario?
Entonces volteó a ver a todos los alumnos y les dijo:
-A ver compañeros; acá el señor vino de oyente y ya quiere pasar al escenario. ¿Lo dejamos? Y toda la bola de cabrones:
-¡Sí, sí!
Pues para reirse de mi. Y ya que me subí al escenario me dice:
-¿Qué quiere hacer?
-Póngame los ejercicios que le puso a ellos… Me puso varios y acabaron aplaudiendo. Bajé bañado en sudor, muy ilusionado y muy impresionado. El corazón se me salía y el maestro Ancira me dijo:

-¿Y usted quién es?
-Yo soy Héctor Suárez.
-¿Y qué hace?
-Estudio arquitectura.
-¿No quiere tomarse un café?
-Órale, vamos.
Fuimos al café Río, en Álvaro Obregón y Orizaba. Ahí empezó mi carrera…

No te puedes perder el resto de esta magnífica entrevista con ambos astros en tu versión impresa de OPEN ¡Corre por ella!

 

Fuente: Youtube