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MIrreynato: entrevista con Ricardo Raphael

por Ricardo Enriquez

“Si Peña Nieto pudiera bajarse del carruaje, despojarse de su ropaje y volverse un ser humano común y corriente y escuchara el dolor que se está viviendo en Iguala, o en Tampico, o en Apatzingán, probablemente tendríamos un ser humano más normal”.

“Lamentablemente el Estado hoy es una institución privada que está al servicio de unos cuantos, no del conjunto, no es parte del espacio público, es parte del espacio privado, ese es el drama con respecto al Estado”.

Entrevista con el autor de Los Socios de Elba Esther (Planeta, 2007) a propósito de su más reciente libro Mirreynato, la otra desigualdad (2015, Temas de Hoy) sobre los juniors mexicanos del siglo XXI, más ostentosos, más racistas, más prepotentes que sus predecesores.

Por Sergio Ramos.

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El “Mirrey” es un personaje público que aparece en el siglo XXI. Es, en palabras del periodista Ricardo Raphael y autor del libro Mirreynato, la otra desigualdad, el junior clásico elevado a la quinta potencia: más prepotente, más jactancioso, más impune, más discriminador.

El Mirrey nace a partir de la construcción de un Estado que privilegia a las clases altas como las únicas capaces de ostentar el poder institucional. Carlos Hank González, el padre de los mirreyes, produjo una clase de políticos-empresarios que aparecía en las páginas de sociales, en las revistas de la élite, jactándose de su vasta fortuna y sus privilegios como funcionario público. Es el fundador del Grupo Atlacomulco del que salieron empresarios y varios gobernadores del Estado de México, incluyendo al presidente Enrique Peña Nieto. Todos traen la escuela Hank González. Una que ya no maneja sus privilegios con discreción (como hacían los herederos enriquecidos de la Revolución) sino con ostentación. En las redes sociales, los hijos de Atlacomulco, los juniors de los actuales funcionarios, presumen sus viajes, su fortuna, sus mujeres, su estilo de vida, con una impunidad cínica.

¿Cuál es el origen del libro?

Yo tengo muchos años observando el tema de la desigualdad y la discriminación que hay en México y en otros países ya que compartimos más de un tema con el resto de América Latina. Pero siempre observé la desigualdad emplazando mi cámara de abajo hacia arriba, observando por qué es tan difícil subir de los primeros pisos del edificio social hacia el pent-house, y cuáles son las barreras de acceso a las mujeres, a los jóvenes, a los indígenas. Pero yo no había colocado la cámara desde arriba hacia abajo. Mi libro justamente se llama Mirreynato, la otra desigualdad, porque la idea es que, con lo que sabemos de la desigualdad, ver qué podemos entender si la miramos del pent-house hacia abajo. Y este libro es lo que hace: observar esos mecanismos que construyen diferencia, que apartan a unos y otros, que concentran riqueza, que establecen privilegios y que son elementos que se fabrican desde arriba, es un cierre social que se fabrica desde arriba. Y eso es lo que hace el libro: observar esas puertas cerradas de la parte superior de la construcción social.

¿Qué es un mirrey?

Cuando me pongo a observar el último piso social, el famoso pent-house, muy rápido se me aparece este personaje que es como una suerte de junior versión tres punto cero. Es como si a una lagartija le hubieras puesto unas vitaminas y se hubiera convertido en un dinosaurio. El junior que está en todas las culturas acaba en este siglo creciendo, exagerando y agrandando sus peores defectos. El mirrey es eso: un junior agrandado, un junior que le gusta mucho ostentar, incluso marcar diferencia, ya sea en la ostentación de las casas, los carros, los viajes, las mujeres, en fin, y que no va a escatimar un dólar con tal de marcar esa distancia por la vía de la moda. Porque él está convencido de que si ostenta va a hacerse de un ámbito de impunidad, va a poder ahorrarse la consecuencia de sus actos, va a poder beber y ser detenido por la policía sin que le ocurra nada, atropellar a alguien sin que le ocurra nada, cometer ilícitos sin que le ocurra nada. Para financiar esa impunidad y esa ostentación, no alcanza el dinero bien habido en los negocios construidos con el esfuerzo. Normalmente requieren recursos que provienen de vías rápidas que puede ser el crimen organizado o conectar tus bolsillos con una manguera a las finanzas públicas y entonces por la vía de obra pública, de contratos, licitaciones, traes dinero que va a financiarte la impunidad y la ostentación. Estos son elementos distintos a los del junior del siglo pasado. Este individuo es profundamente ostentoso, es impune, es corrupto, es discriminador y, por lo tanto, él es el que marca el régimen que lo procrea.

¿Qué papel juegan las redes sociales en el desempeño del mirreynato?

La plaza pública siempre ha servido para la ostentación. Yo me imagino a los Médici llegando a Florencia cargados de joyas, de vestidos, carruajes y con una corte alrededor. Llegaban a ostentar a la plaza pública porque era una manera de decirle al resto que ellos eran diferentes, que ellos estaban por encima de la ley, por encima del estado, incluso por encima del papado. Así funcionaba la ostentación en la plaza pública real. Y por otro lado había una población que les observaba con envidia o veneración. Qué es lo que pasa ahora: las redes sociales lo que hicieron fue una plaza pública virtual que es mucho más grande, donde aparecen muchas más personas, pero sigue siendo lo mismo. El Medici quiere presumir y el vasallo lo admira o le reclama. Lo que sucedió con las redes sociales fue que potenciaron algo que ya existía en la humanidad. Las redes sociales nos han permitido a los observadores mirar más de cerca el pent-house de lo que lo pudimos haber hecho antes de su existencia.

Entonces el mensaje no va dirigido a los que son de su misma condición sino a los que están por debajo de ellos…

Mira, yo lo que diría es que a todos los que estamos incómodos, enojados, insatisfechos con este régimen de desigualdad este libro puede ayudarles a entender cómo se construye, cuál es su estructura, sus cuartos, sus columnas, y por el otro lado, puede ayudar a desmantelarlos si hubiese interés de hacerlo. Es un libro de diagnóstico en ese sentido, de una enfermedad de una época. Y también es un libro de advertencia porque claramente un país como México si no derrumba su cierra social, su distancia entre lo que yo llamo el mexiquito y el mexicote, va a ser una nación muy mediocre, venida a menos, que perderá toda presencia en el mundo.

Si lo que define a un mirrey es la ostentación, el uso de las redes sociales para jactarse, ser herederos de vastas fortunas o aprovecharse del poder de los padres, ¿los narco juniors entrarían en esta definición?

Sí, mira, yo creo que el tema de fondo es que el mirreynato desprecia la cultura del esfuerzo y privilegia la cultura de la herencia y de las relaciones sociales. Se parece mucho en ese sentido a las oligarquías predemocráticas. En esa lógica el bandido social o el narcotraficante de hoy gana muchos puntos porque como sabe que para obtener impunidad y ostentar y privilegiarse y comprar la voluntad de un juez, de un policía o del gobierno, lo que hay que tener es dinero, es lo único que importa, no importa de dónde vino. Entonces las vías que te ofrecen el dinero más rápido te dan mayor capacidad de impunidad, y en ese sentido tienen ventaja los que se dedican al negocio de lo ilícito. Y lamentablemente el estado hoy es una institución privada, está al servicio de unos cuantos, no del conjunto, no es parte del espacio público, es parte del espacio privado, ese es el drama con respecto al estado. Estos elementos sí nos llevan a vivir un sistema que si no es democrático, tampoco es un régimen de partido único, es una suerte de purgatorio, y ese purgatorio es lo que yo llamo Mirreynato.

Si no importa la procedencia de la fortuna, sea de empresarios o políticos corruptos, o narcotraficantes, ¿habría algo que diferencia a los mirreyes hijos de empresarios y a los hijos de narcotraficantes?

Mira, a ellos [los hijos de empresarios] les gustaría decir que hay grandes diferencias. Ellos los llaman nacos con mucha facilidad y ya si quieren denostar a alguien le ponen la “r” a la palabra. En realidad utilizan la misma estética, la misma bolsa Louis Vuitton, el mismo Ferrari, el mismo Jet para volar al mismo lugar donde se hace esquí, compran casas y departamentos en las mismas ciudades (en Miami, por ejemplo), son vecinos, conviven en las mismas fiestas, van a los mismos antros. Entonces la diferencia es mínima, ellos [los hijos de empresarios] te dirían que no, ellos te dirían que el color de piel marca una diferencia, que la forma de hablar marca una diferencia, pero yo te puedo decir que el hijo de El Chapo Guzmán se parece mucho más a un mirrey hijo de empresario que lo que el Chapo Guzmán lo parece, es decir, en una sola generación se da el gran salto.

O el Vicentillo, que vivía en El Pedregal y había estudiado en escuelas privadas en San Diego, con respecto a su padre el Mayo Zambada…

Claro, incluso estudian en las mismas universidades, son compañeros de clase y de banca. Y dado que el único marcador es el dinero, y si tú tienes el mismo dinero que yo, te considero de mi propio pent-house, en ese momento se acabó cualquier otra consideración. Entonces no, no se distinguen, dado que han hecho del dinero el principal marcador no se distinguen, no se distinguen porque uno lea más o menos que el otro, porque uno sea más culto o menos culto, el único marcador que consideran es el dinero y al hacerlo le abrieron la puerta ancha a cualquier otro que quiera llegar al pent-house social por esa vía.

¿Enrique Peña Nieto es un mirrey?

Mira, yo te diría que el virreinato produjo virreyes, pues el mirreynato produce mirreyes…

¿Cambiaría algo si Enrique Peña Nieto visitara Iguala?

(Risas) Pues no puedo contradecirme… sí, creo que si pudiera bajarse del carruaje, despojarse de su ropaje y volverse un ser humano común y corriente y escuchara el dolor que se está viviendo en Iguala, o en Tampico, o en Apatzingán, probablemente tendríamos un ser humano más normal…

Pero con eso dejaría de ser un mirrey…

Pues mira, tendría que dejar el pent-house y visitar el sótano. Les hace bien bajar del pent-house…

¿Cuál es el papel de la mujer en relación con el mirrey?

Yo creo que ese es uno de los temas más desagradables. Cuando te decía que hay un cierre social que distingue al mexiquito del mexicote claramente hay uno de género que juega. Te lo digo así: si naciste en el pent-house tienes más o menos 4% de probabilidades de caer hasta abajo, si naciste en el sótano tienes 4% de probabilidades de subir hasta el pent-house. Pero dicho esto, hay que preguntarnos quiénes se caen desde el último piso: las mujeres. Y quiénes suben desde el sótano: los hombres. Entonces claramente es un sistema que discrimina por sexo. México hoy es la economía 12 o 13 del mundo pero en oportunidades económicas para las mujeres estamos en el lugar 111. Solamente 2% de las mujeres en este país se asume empresarias, solo 7% de las mujeres en este país están en los consejos de administración de alguna empresa. No hay participación en las regidurías, en las sindicaturas, en los congresos locales, ha aumentado en el congreso federal pero es el único lugar donde ha aumentado. Las oportunidades para la mujer no están dadas. La versión que te da la televisión, el cine, el espectáculo, es que para ascender como mujer lo mejor que te puede suceder es casarte con el hijo del patrón. El mercado del matrimonio como método de ascenso social. Y luego premia esta sociedad a las llamadas lobukis. Quién quiere llamarse lobuki que quiere decir “loba”, “golfa”. Y sin embargo ellas mismas se llaman así porque han asumido que si son adorno del mirrey, éste las puede proteger, les puede dar comodidades, en fin, algo está muy mal cuando la mujer sigue siendo un objeto y no un sujeto del deseo.

Y cuando ellas se aceptan a sí mismas como objeto…

Se miran y se aceptan como objeto, pero no es por estupidez, es porque la sociedad les ha demostrado que mejor ser objeto que sujeto. Entrevisté para el libro a una madre y me decía “ojalá que los muchachos que pretendan a mi hija no vean sus calificaciones”, le pregunté por qué y me respondió “porque no quiero que sepan que es una muchacha inteligente que saca buenas notas porque la van a dejar”. ¡Ahora resulta que estamos en una época en la que hay que aprender de la estupidez, en pleno siglo XXI! Y sin embargo está tan de moda casarse con actrices. Le preguntaba una maestra a sus alumnos de sexto grado: qué quieren ser de grande. Responde un niño que quiere ser presidente municipal porque quiere tener guaruras y una niña que quiere ser como Anahí.

¿Qué relación encuentras entre este régimen del mirreynato y Ayotzinapa y Tlatlaya?

El mirreynato es un régimen que protege lo que ocurre adentro del palacio, adentro del castillo. Lo que ocurre en los márgenes lo tiene sin cuidado. Por eso ocurrió lo que ocurrió en Guerrero: porque eso era los márgenes del palacio, lo que no le importaba a nadie, que allá se arreglaran los poderes fácticos para poder sobrevivir. Hasta que le llegó el mensaje al señor presidente donde le dijeron no, mire, usted fue elegido para gobernar todo el territorio nacional, no solamente Chipinque, San Pedro Garza García, Interlomas, Santa Fe o Puerta de Hierro en Guadalajara, este es un México que es mucho más grande que el que usted quiere gobernar. Esto no es Toluca. Creo que Ayotzinapa pega un grito en todos los sentidos. Están ahí gritando que la impunidad y la injusticia en los márgenes, la corrupción, la privatización de las instituciones, son elementos que hoy nos afectan y que merecen ser derrocados. Y también la frivolidad de quien vive en el pent-house: alguien a quien le gustaría estar en el pent-house de Nueva York y no en el pent-house de Los Pinos.

“El más discriminado suele ser el más discriminador que con un poco de poder se vuelve de una prepotencia enorme”: este comentario lo realizaste en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. No deja espacio para la esperanza: el mirrey es prepotente por naturaleza y el pobre que asume el poder también se vuelve prepotente.

Yo creo que en un régimen con tanta desigualdad lo que haces es inmediatamente tratar de alejarte de los escalones más bajos de la estructura social. Entonces si te vas a una casa campesina vas a encontrarte con que el marido puede ser durísimo con las mujeres de su casa: golpearlas, maltratarlas, vejarlas. Y los dos están en condiciones muy precarias, pero ya el marido logró subir dos escaloncitos. Y luego vas a ver al policía que es el más despreciado en nuestro país, que cuando te detiene lo tuteas de inmediato, le dices asalariado de mierda como le dijo aquella lady de Polanco. Pero una vez que ese policía tiene un poco de poder, va a hacer lo mismo, se va a subir en su ladrillo y va a maltratar a los que están abajo. Yo creo que es un síntoma bien analizado por los expertos en discriminación que es muy triste. Para que la discriminación ocurra se necesitan dos: el que está dentro del cierre social y el que está fuera del cierre social. El cadenero del antro es un individuo discriminado al que le dieron poder y entonces en la puerta del antro se dedica a tratar a todos los demás como si él fuera el dueño del antro. Esta es una simbiosis que hay que entender. Pero cuándo se termina la discriminación: cuando uno de los dos, el discriminado o el discriminador, rompe esa convivencia, esa complicidad. Yo sé que es difícil de aceptar pero una vez que el muchacho golpeado por el gobernador de Chiapas le hubiera parecido inaceptable esa cachetada se acaba esa relación discriminante. Y claramente eso es lo que ha pasado en la mayoría de las sociedades que han evolucionado cuando se rompe esa relación viciada para construir otra de mayor igualdad.

Pero si las instituciones están controladas por este poder cerrado, no hay una salida institucional para resolver este problema.

Yo creo que las instituciones están al servicio de ese poder cerrado pero gracias al voto ciudadano. Ellos están yendo cada tres años a elecciones para que nosotros sancionemos su poder. El día en que nosotros dejemos de sancionar su poder ese día se va a caer buena parte de lo que a ellos les permite controlar y administrar el estado a su antojo. Eso sí es distinto con respecto al siglo pasado. Lo que es sorprendente es que esta oligocracia plebiscitaria que estamos viviendo necesita de la complicidad de los votos por parte del que es marginado y discriminado. El momento en que utilicemos las propias instituciones a nuestro servicio para ir contra esta oligarquía yo tengo la seguridad de que las cosas pueden cambiar y salimos de este purgatorio que hemos llamado mirreynato.