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ROBERTO WONG: PRIMER PREMIO DOS PASSOS DE NOVELA

23/02/2015

“Es desgarrador darse cuenta de que hay cosas y experiencias que ya no van a regresar más porque la violencia se los ha llevado”.

Por Sergio Ramos

Roberto Wong (Tampico, Tamaulipas, 1982) se ha convertido en el primer autor en ganar el Premio Dos Passos cuya convocatoria lanzaron en 2014 esa agencia literaria y la editorial Galaxia Gutenberg. El premio no está nada mal tomando en cuenta que se trata de autores noveles: doce mil euros (unos doscientos mil pesos), la publicación de la novela y el acceso del ganador al catálogo de autores representados por la agencia literaria Dos Passos.

Aunque Wong había escrito docenas de cuentos y varios artículos para la revista Letras Libres, se mantenía como un autor inédito, en parte porque no pertenece al establishment literario y porque sus responsabilidades laborales (trabaja en el área de marketing digital para la división Latinoamérica de eBay) lo mantienen viviendo en San Francisco, California, desde hace dos años.

Wong abandonó su natal Tamaulipas a los dieciocho años para estudiar Ingeniería Mecánica en el Tec del Estado de México. Sin embargo, un par de semestres después dejó la carrera al darse cuenta de que no era lo suyo y se pasó a Comunicación. Durante su estancia en México deambuló por varias zonas: vivió en Naucalpan, en Azcapotzalco y finalmente, antes de ser contratado por eBay, en la colonia Roma.

París D.F. es la novela con la que ganó el primer Premio Dos Passos. El argumento se centra en Arturo, un personaje de 32 años que se sabe un fracasado en todos los sentidos: a su edad aún vive con su madre, tiene un empleo mediocre en una farmacia del centro y mantiene ciertas aspiraciones literarias que cada vez le parecen más imposibles de realizar. Su sueño, como el de muchos escritores latinoamericanos, es vivir en París, así como los escritores del Boom.

El elemento desencadenador del conflicto es un asalto a la farmacia en el que Arturo estuvo a unos milímetros de ser alcanzado por una bala del policía que mató al asaltante. Ese shock produce una catarsis en el personaje que hace que empiece a cuestionar el sentido de su existencia. París se vuelve entonces una obsesión. Sobrepone un mapa de la Ciudad Luz sobre uno del DF teniendo como eje central la Farmacia París donde trabaja y el descubrimiento le resulta asombroso: El Louvre está justo donde se encuentra el Palacio de Bellas Artes, el Bosque de Chapultepec está en el mismo sitio del Bois de Boulogne y la Torre Eiffel en el cruce de Reforma e Insurgentes.

La novela es un juego de espejos en el que, por un lado, París es el ideal de civilización mientras que el DF es lo terrenal. Así, las mujeres (reales e imaginarias) que rodean al personaje se vuelven símbolo de ese desdoblamiento: Nadia es la mujer ideal, un homenaje a la Nadja de André Breton, mientras que Noemí, una prostituta, es lo terrenal y tangible.

Open conversó con Roberto Wong en la Librería Rosario Castellanos, un días antes de la presentación de la novela en la que estuvieron presentes Sergio González Rodríguez y Héctor de Mauleón.

¿Qué significa para ti este premio?

Cuando me dijeron fue primero una sorpresa. Yo en esos momentos estaba en Buenos Aires trabajando. Sonó el teléfono y alguien me dijo te hablamos de España. Recuerdo que les quise cortar porque estaba en otra conferencia. Les dije estoy en una junta, luego hablamos, pero antes de colgar me dijeron que había ganado el Premio Dos Passos. No me la creía. Era como una especie de aluvión de sensaciones. Después lo fui digiriendo y me sentí muy contento. Fueron más de mil manuscritos. Y al final es una dicha que algo que crece de tus obsesiones llegué a la forma de un libro.

¿Te das cuenta de lo afortunado que eres por vivir en San Francisco?

Claro. Por muchas cosas: el premio, San Francisco… Hay cosas que uno tiene que saber agradecer y me considero un tipo con suerte.

¿Cómo percibes desde San Francisco lo que está ocurriendo en tu natal Tamaulipas?

Me queda claro que el estado es una batalla más en esta serie de encuentros encarnizados en todo el país. Pareciera que la situación confirma el dicho, ¿no?, que todo tiempo pasado fue mejor. Es desgarrador darse cuenta de que hay cosas y recuerdos y experiencias que ya no van a regresar más porque la violencia se los ha llevado, como son la oportunidad de viajar en carretera, salir a la calle a jugar sin que tus padres estén pensando todo el tiempo en si te va a pasar algo, en esas amistades que por la falta de oportunidades sucumbieron a las filas del narco. Entonces todo eso yo lo miro con mucho pesar, con mucho dolor.

¿Te mantienes informado de lo que sucede en Tamaulipas o prefieres mantenerte alejado?

Me mantengo informado. Pero es una vista sesgada porque accedo a las noticias a partir de lo que veo en las redes sociales, de lo que la gente comparte, de lo que mi propia madre que sigue viviendo en Tamaulipas me comenta. Ella, por ejemplo, vive en un barrio de Tampico de clase media y cerca había una casa de seguridad y llegó el ejército a rescatar a unos centroamericanos secuestrados. Entonces, vamos, hay muchas maneras de estar al tanto, no sólo los medios sino también las propias historias de la gente.

Supongo que en los lugares fuera de México donde has presentado la novela te han preguntado por el asunto de la violencia.

Sí, por supuesto, me han preguntado sobre la violencia, me han preguntado sobre el tema del narco. Al final del día yo no quería escribir una novela sobre la violencia pero es inevitable que se filtre porque es parte de nuestro telón de fondo diario. Yo creo que se integra en nuestra experiencia no sólo en la Ciudad de México sino a nivel nacional. ¿Por qué es así o por qué no debería ser así? Bueno, son otras preguntas y yo no tengo todas las respuestas. Pero al final me parece que la novela, en ese ejercicio de sobrevivencia que la gente se arma para resistir en las grandes ciudades, propone una alternativa que es salir de la cotidianidad y del hartazgo y apostarle a la ficción como una especie de rebeldía.

¿Consideras que París significa hoy lo mismo que significó en los cincuenta del siglo pasado para los autores del Boom?

Yo creo que mucho inicia con esos versos de Vallejo: Me moriré en parís con aguacero, un día del cual ya tengo el recuerdo”. Para los escritores latinoamericanos París siempre funcionó como una especie de metáfora y está presente en este libro. Ahora, cómo recuentas esa historia. Los escritores del Boom vivieron allá y la contaron desde París. Otros escritores como Luis Eduardo Rivera lo hicieron pero no desde la vida bohemia y los cafés y la vida intelectual, sino un poco desde la periferia, desde estos latinoamericanos trabajando en cafés y en recepciones de hotel, soñando pero al final del día no accediendo a esa belleza, a esas experiencias. Mi propuesta o mi aportación a toda esa tradición tratan desde un paso atrás, desde la ensoñación de querer llegar ahí y querer participar de toda esa tradición. Definitivamente parís siempre será parís y seguirá siendo importante. Para los escritores latinoamericanos es como una suerte de viaje civilizatorio: ir y visitar Père-Lachaise y ver las tumbas y buscar a Rimbaud o Baudelaire. Como símbolo seguirá siendo importante.

Háblanos sobre la estructura de la novela.

La novela yo la escribí a partir de una imagen: los mapas sobrepuestos. De ahí surgió Arturo y la Farmacia París y los lugares que visitaría. Yo empecé a escribir la novela de manera lineal y cuando se fueron desdoblando todos esos itinerarios me pareció claro que la novela tenía que ser un viaje que le hablara al lector acerca de estos encuentros en tercera persona. La novela inicia con su experiencia pero en realidad todos esos capítulos son un poco como la suerte de continuación a la narración lineal. Y el narrador en segunda persona que es Arturo hablándole a Nadia. Son tres viajes, tres itinerarios, y al final todos se conectan. Me pareció una consecuencia lógica cuando empecé a pensar en la novela como estas caminatas por la ciudad, estos itinerarios, estos viajes que en cierto sentido los podría recorrer cualquier persona. No necesitas el mapa pero están ahí planteados los sitios. La estructura fue surgiendo a medida que yo iba escribiendo y se fue desarrollando bajo el peso de su propia lógica.

Sobre los tres personajes femeninos fundamentales en la novela.

La novela actúa como un juego de espejos. Está México y está París. Arturo y el resto de los personajes siguen esta lógica. Él se obsesiona después del asalto con la idea de una mujer que escuchó al asaltante antes de que lo mataran y la busca para buscar París como una especie de epifanía. Ella es lo idealizado y de quien no sabe nada aunque constantemente la sueña. Por otro lado, conoce a una prostituta que se llama Noemí. Ella funciona del lado de la Ciudad de México que es el balance a la imagen perfecta de Nadia: lo violento, lo humano, lo sórdido, lo terrenal. El personaje de la mamá es un juego. La Conjura de los Necios me sirvió de esquema para narrar la relación entre la madre y Arturo. Ella aparece en este escenario inicial donde Arturo se da cuenta de que a sus 33 años su vida no es como la imaginó, vive con su madre, no tiene dinero, quiere viajar a Paris y no puede, escribe y todo le parece una basura y lo tira. Entonces, es como una especie de contexto para presionar al personaje y llevarlo al límite.

¿Cómo recibes los elogios que ha recibido tu novela: con orgullo, con precaución, con escepticismo?

Con precaución. Me preguntaba ayer un amigo qué calificación le pondría en una escala del uno al diez. Bueno, dentro de las novelas de París habría que darle un diez a Rayuela, por ejemplo, y yo le daría a ésta un mínimo aprobatorio. Los comentarios generosos que ha recibido me parece que se han centrado en varias facetas de la novela (la premisa, el lenguaje, la velocidad) pero siempre a uno como escritor le parece que hay un fallo, la sensación de que no necesariamente llegué adonde quería llegar. Hay una suerte de fracaso. Ahora, ese fracaso es inevitable, la literatura siempre es eso. Y lo que me resta es seguir escribiendo y tratar de cerrar la brecha con los escritores que a mí me parecen relevantes. El resto de los textos tendrán que medirse con otros, con los que están aquí en esta librería.

¿Sueñas con vivir exclusivamente de tus libros?

Sí, por supuesto. A mí lo que me encantaría es poder vivir leyendo y después escribir un poco. Sería una dicha que eso sucediera. Pero al mismo tiempo, para que eso suceda, tienes que escribir mucho.

O convertirte en un personaje popular mediáticamente…

Sí, pero no me preocupa tanto eso sino el hecho de la demasiada publicación. Me parece que los escritores a veces terminan publicando cosas que no necesariamente son de la calidad que uno esperaba. Por ejemplo, García Márquez. Yo leí uno de sus libros finales, Memorias de mis putas tristes, y me pareció un libro mediocre. Y se le perdona todo porque es García Márquez pero la verdad es que es un libro mediocre. Y por qué lo hizo, quizá porque necesitaba la plata. Eso es lo que me da miedo al pensar en la idea de vivir de publicar. A lo mejor podría seguir trabajando y publicar otras dos novelas y listo, se acabó todo lo que tenía que decir.

¿Cómo compaginas tu tiempo: tus responsabilidades laborales en eBay, tus horas de escritura, tu tiempo para la lectura?

Es difícil. Hay que ser realistas y pensar que la vida a la literatura y la literatura va a la vida. Trato de mantener un balance y no escribo tanto como quisiera pero sí escribo menos de lo que leo. Eso me parece que es fundamental para un escritor. Al final creo que está la obstinación nada más de sentarte frente al teclado y escribir. Siempre uno escribe con todo en contra: los compromisos sociales, el trabajo… no creo que haya un escenario ideal salvo el que mencionó Faulkner que dijo que el mejor trabajo que tuvo fue en un burdel.

Mencióname tres libros sobre París que hayan sido fundamentales en tu idealización de esa ciudad.

Rayuela, número uno; París era una fiesta, de Hemingway y Velador de noche, soñador de día, de Luis Eduardo Rivera.

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