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ANTONIO ORTUÑO, EL ERMITAÑO.

23/02/2016

El autor jalisciense presenta su nueva novela, Méjico (Océano, 2015) sobre el exilio español y los descendientes mexicanos que buscan una identidad en un país que no les pertenece del todo.

Por Sergio Ramos

Antonio Ortuño tenía una deuda pendiente con esta novela. La publicó a finales de 2015 aunque comenzó a escribirla hace ocho años, poco después de que apareció la primera edición de El Buscador de Cabezas. Entre la primera versión y la que publicó Océano en agosto pasado mediaron siete libros, entre novelas y cuentos, en los que se cimentó su bien ganada fama de escritor cruel y venenoso.

Méjico es una novela sobre los exiliados españoles que llegaron a este país durante la Guerra Civil. Los abuelos de Ortuño estuvieron entre esos miles de republicanos que huyeron primero a Francia y luego a América en busca de una vida mejor.

Se estima que entre 1938 y 1942 llegaron a México alrededor de 25 mil españoles vinculados al gobierno republicano que fueron acogidos por el presidente de Lázaro Cárdenas. La mayoría permaneció en la Ciudad de México aunque hubo quienes partieron hacia otras ciudades: Puebla, Monterrey, Guadalajara y Querétaro, principalmente.

La novela avanza en dos líneas temporales con historias entrecruzadas. Por un lado, el camino de los exiliados por distintos países y con distintas suertes. Por el otro, en los años noventa en Guadalajara, uno de los hijos de esos exiliados se mete en problemas con un celoso sindicalista –y con su torturado sicario personal- y debe hacer uso de su empolvado pasaporte español para poner charco de por medio y salvar la vida. La tensión entre esas dos historias es lo que forma la nueva novela de Ortuño.

¿Cuándo la empezaste a escribir?

La empecé a escribir hace ocho años. En realidad pudo haber sido mi segundo libro publicado pero la dejé mucho tiempo, no a medias porque en realidad la abandonaba y la volvía a empezar. Me deshacía de lo que tenía avanzado y la comenzaba una y otra vez, y en medio de eso escribí otras cosas, me dediqué a otros proyectos, pero volví a este porque tenía muchas ganas de publicarla, y no fue sino hasta principios de 2014 cuando realmente pude encontrar el tono que quería. Trabajé versiones nuevas, en algunos casos aproveché un episodio puntual, alguna página, algunas frases, pero en términos generales puedo decir que el 99% de la novela tal como quedó se escribió durante el año antepasado y principios de 2015.

“Estuve metido en este proyecto mucho antes que La Fila India y en cierta medida mi interés por el tema que se ve reflejado en esa novela que es el de la migración Centroamericana a través de México, va muy de la mano con mi interés general por el tema de la migración.

Por lo regular, ¿a qué hora escribes?

Escribo desde las siete de la mañana hasta las dos de la tarde, y por la noche reviso lo que escribí, a veces lo dejo por la paz, hago otras cosas, mis colaboraciones en medios, en periódicos y portales, y los fines de semana no hago un carajo…

“En estos momentos estoy dedicado casi por completo a la literatura. Trabajé muchos años en comunicación, en medios, en periodismo. Pero abandoné todo eso para poder escribir”.

 

¿Es necesario abandonar el trabajo con horario en una oficina para poder terminar una novela?

 

No necesariamente, pero quise darme la oportunidad de hacerlo. El Sistema Nacional de Creadores de Arte esencialmente está diseñado para que un creador se pueda concentrar en su trabajo. Algo a lo que yo siempre me he opuesto es aprovechar una beca pero no dar los resultados, no trabajar en serio. Por eso decidí lanzarme, tirarme por la borda. Estaba trabajando de planta en un periódico y ahora solamente colaboro. Dejé ese trabajo estacionado para dedicarme por completo a la escritura.

Un escritor que ya tiene cinco novelas publicadas, ¿cuenta con una recepción segura para sus manuscritos en las editoriales o todavía anda buscando editores?

Yo tuve la fortuna de que solo durante un periodo muy breve de tiempo fui de los que anduvo repartiendo manuscritos. Desde que apareció mi primer libro publicado, nunca he repartido otro manuscrito porque afortunadamente los editores se han interesado en lo que hago. Para El Buscador de Cabezas pasé por el viacrucis por todos conocido del escritor joven, y aparte del escritor joven fuera de la Ciudad de México, repartiendo ejemplares de editorial en editorial. Eso hacía el salto un poco más complicado. Mis contactos eran lejanos, eran gente con la que yo había colaborado en sus revistas, pero eran justamente eso, editores de revistas, que no necesariamente son la misma comunidad que los editores de libros.

“Pero tuve la fortuna inmensa de que Álvaro Enrigue leyera el manuscrito que le llegó de una manera un poco rocambolesca. En una feria de libros yo le quería dejar el manuscrito a un escritor con el que me había carteado a lo largo del tiempo y que me había dicho que quería leer mi novela. Se la dejé en el stand del Fondo de Cultura Económica porque él publicaba ahí pero se hicieron líos en el stand y le entregaron el manuscrito a Álvaro Enrigue, quien entonces era editor de literatura del Fondo. Para mi enorme sorpresa, a los tres días me llamó por teléfono y me dijo: “Me costó mucho trabajo conseguir tu número. Leí tu libro me encanto, y quiero ver de qué manera lo puedo empujar.” Los calendarios de publicación del Fondo de Cultura Económica son muy complicados y además hay una serie de consejos que dictaminan, en fin, era todo un camino complicado, pero Álvaro le pasó el manuscrito con su recomendación a André Ramírez, editor de Joaquín Mortiz, y la novela apareció en esa editorial. Y a partir de ese momento no volví a repartir manuscritos porque los libros que he escrito han ido ya trabajados con una oferta más o menos concreta de publicación, al menos con el interés de los editores.”

“Fueron además tiempos bastante complejos porque en un lapso muy corto de tiempo aparecieron varios libros míos. Llevaba tantos años trabajando El Buscador de Cabezas que en ese tiempo había escrito incluso parte de lo que a la postre fue Méjico y Recursos Humanos cuando todavía estaba escribiendo el Buscador y los cuentos que integraron Jardín Japonés. Cuando apareció El Buscador de Cabezas, de alguna manera como que empujó todo lo demás, aparecieron los cuentos en España en la editorial Páginas de Espuma y bueno, este azar absoluto del destino del Premio Herralde.

“A mí me gustaban mucho algunos de los libros que habían recibido este premio, mandé el manuscrito y fue seleccionado como finalista y publicado por Anagrama. De alguna manera esa fue una especie de excepción porque yo generalmente no entro a concursos, nunca ha sido algo que haya procurado, pero a partir de ese momento, con las puertas que se habían abierto y con el interés de los editores y las buenas reseñas, no he tenido problemas para publicar.”

El hecho de tener varios títulos casi al mismo tiempo en las librerías también contribuyó a que no se olvidaran de ti tan fácilmente.

Yo me imagino que sí, claro, pues fue una especie de pequeño alud de libros que se publicaron en unos pocos meses. Dos novelas que aparecieron con poco tiempo de diferencia y en medio había aparecido el libro de cuentos. Entonces sí fue como haber pasado de la nada a tener una visibilidad importante porque una nota, una reseña iba llevando a otra reseña… de hecho, Sergio González Rodríguez, quien durante muchos años ha hecho una selección de los libros que a él le han parecido destacados en el año, seleccionó El Buscador de Cabezas entre lo mejor de 2006. Guadalupe Nettel también publicó una reseña de aquella novela, en fin, hubo una recepción crítica entusiasta que a mí me sorprendió mucho.

¿Alguna vez tallereaste una novela?

No, yo nunca he tallereado. Soy bastante cimarrón y bastante salvaje con respecto de mis materiales. Siempre trabajo con lectores pero para que me den su opinión y nunca les he dado el manuscrito completo, sino fragmentos, para que me digan qué les parece. La manera en que yo concibo el trabajo literario implica que uno sea capaz de encontrar sus propias soluciones y respuestas, y no me gustaba la idea de que alguien me resolviera el rompecabezas que yo quería resolver para que aquello quedara como era mi interés.

 

 

¿Cómo se llega a ser un escritor con agente literario?

En términos generales creo que todo ha sido producto de una especie de fenómeno como de caída de fichas en el dominó. El primer libro fue muy complicado. Desde luego, la parte bonita de la historia es cuando llega a las manos de Álvaro Enrique y le gusta y habla con un editor. Pero antes de eso, o simultáneamente a eso, yo mandé el manuscrito a varias editoriales, y como le debe hacer sucedido a una cantidad enorme de escritores jóvenes, ni siquiera me mandaron acuse de recibo. Seguramente el manuscrito se iba derecho al cesto de la basura. De hecho, en alguna ocasión me mandaron de una editorial una carta de rechazo pero que iba dirigida a otra persona, que hablaba de otro libro, seguramente confundieron el machote de la carta de rechazo y me la mandaron a mí. Hay una especie de ninguneo hacia el escritor joven que puede ser muy frustrante y difícil de digerir. Yo entiendo muy bien cuando alguien que está buscando publicar y que no consigue siquiera que lo lean, termina frustrado y hostil hacia el mundo de la edición y claro, los editores pueden decir que están abrumados por la cantidad de manuscritos y propuestas que reciben. El caso de sellos como Almadía y Sexto Piso, por ejemplo, que por ser independientes, tiene uno la impresión de que van a ser mucho más horizontales, y va a ser mucho más fácil que a uno lo publiquen, lo que ha terminado siendo es un cuello de botella impresionante, porque tienen 500 manuscritos cada año, y es imposible para una editorial dictaminar y leer todo aquello. Entiendo la parte de dificultad que tiene procesar todo eso pero cuando estás de este lado, del lado del escritor que no tiene contactos ni quiere hacerlos, ni quiere irse a hacer lobby al DF, por ejemplo, puede ser muy complicado.

Siendo México un país tan centralizado, donde las principales editoriales están en el DF, donde los principales medios de comunicación están en el DF, adonde se van muchos escritores a ver si la hacen laboralmente, ¿por qué decidiste quedarte a vivir en Guadalajara?

En un momento llegué a tener muy buenas ofertas de trabajo en el DF, pero la realidad es que a mí la parte que me gusta del trabajo literario es estar sentado en mi casa escribiendo. No soy partidario de la vida social literaria. En la FIL es inevitable porque además vienen muchos amigos y gente que conoces a lo largo del tiempo y con la que desarrollas una relación de afecto. La FIL es la única semana al año en la que hago vida literaria. No soy de estar en presentaciones ni en cenas de honor ni en lanzamientos de libros. Todo eso forma parte de este circuito del lobby literario capitalino. Pero la realidad es que me siento distante de eso que llaman vida cultural, pero que en realidad es lobby. Entiendo a quien lo quiera pasar, es una decisión personal, pero a mí me gusta estar sentado en mi casa escribiendo o leyendo. No me gusta estar en la mesa redonda de independencia marginalidad underground o lo que sea. Y mucho menos aplaudiéndole al funcionario en turno para ver si me invitan a la delegación que va no sé dónde. Desde luego que hubiera podido ir a muchas más ferias del libro si anduviera haciendo lobby, pero prefiero esperar a que me inviten a algún lugar en donde realmente me quieran invitar para leer y no como dama de compañía de un cortejo oficial.

Pero publicando para editoriales importantes es inevitable hacer eso, ¿no?

Desde luego que a mayor difusión, es más fácil que el libro llegue a lectores en otras partes, incluyendo a las personas que organizan los encuentros literarios, las ferias, etc. Y también a editores de otros lugares que se interesan en tu trabajo. Tengo la fortuna de que varios de mis libros se han traducido a diferentes idiomas sin necesidad de hacer tanta vida social literaria.