Contra Estados Unidos: Entrevista con el periodista Diego Osorno

por Ricardo Enriquez

“Vemos al PRD que hoy en día es un partido vergonzoso, un partido lleno de pillos, de corruptos, cuando en su momento recogió buena parte de la indignación y del movimiento social que quería cambiar este país, que quería que este país fuera más democrático y hubiera más desarrollo social. Y ahora es una cueva de ladrones”.

Por Sergio Ramos

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El autor de La Guerra de los Zetas, el regiomontano Diego Osorno, acaba de publicar una crónica sobre la Caravana por la Paz que encabezó el poeta Javier Sicilia, entre agosto y septiembre de 2012 en los Estados Unidos. Esta caravana pretendía hacer conciencia entre los ciudadanos y autoridades estadounidenses sobre la responsabilidad del gobierno americano en la violencia que desde 2007 se está viviendo en México.
“A mí me parece que la principal responsabilidad [de Estados Unidos] es haber impuesto a México y al resto de la región un modelo de combate a las drogas que es completamente desigual porque mientras que en México se hace una represión policiaca cotidiana y se violan las libertades civiles, en Estados Unidos eso no pasa”, asegura Osorno.
De esa caravana queda una sensación agridulce. En efecto, Sicilia logró su cometido (recorrer más de 20 ciudades de los Estados Unidos, hacer un poco de ruido y levantar cierta polémica) pero en general la caravana no desató ninguna oleada de indignación contra la política antidrogas en el país vecino aunque, asegura Osorno, el fuerte poder simbólico del Movimiento por la Paz no ha sido valorado lo suficiente.

¿Cómo fue tu acercamiento con Javier Sicilia?

Nos conocimos un 2 de noviembre de 2011 en una conferencia mundial sobre la legalización de las drogas en Los Ángeles. En ese entonces, Javier ya lideraba el Movimiento por la Paz y había hecho las caravanas en México. Ya había logrado que el país viera a las víctimas porque antes del Movimiento por la Paz la narrativa predominante sobre lo que ocurría en la guerra del narco era que todos los que morían eran narcos o que en algo andaban.
Conozco a Javier justo en un momento en que tiene la idea de hacer una caravana como la que hizo en México pero ahora en Estados Unidos. A mí como periodista me interesan las víctimas, me interesa narrar sus historias y también me interesan las desmesuras. Así que este libro es el resultado de estas cosas.

Hacer esta caravana en Estados Unidos parecía algo imposible, más que hacerla en México incluso…

Sí, en los siguientes meses empezó a tener una serie de diálogos con organizaciones en Estados Unidos y en México y con el propio movimiento y finalmente se consigue fijar una fecha para hacer este viaje de costa a costa en los Estados Unidos. De los Ángeles a Washington, a lo largo de un mes, 11 mil kilómetros, 26 pueblos y ciudades. Un reclamo al gobierno de los Estados Unidos en su papel en este largo periodo de violencia que vive el país.

¿Dónde realizaste la entrevista?

Esa entrevista fue intercalada en varios momentos pero creo que cuando más platicamos fue durante el recorrido en carretera de Houston a Jackson, Mississippi. Pero bueno, platicamos también en Washington, en Phoenix, pero la mayor parte de la conversación fue en ese viaje por carretera en Texas.

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La sensación que queda tras leer el libro es un poco agridulce. En realidad no logró jalar a tanta gente…

En efecto, no se convirtió en un movimiento de masas. Sin embargo, me parece que el fuerte poder simbólico no ha sido valorado lo suficiente. El movimiento, con todas sus caravanas, logró visibilizar a las víctimas y ahora, por ejemplo, con este nuevo movimiento surgido a partir de la masacre de Iguala del 26 de septiembre tenemos una situación distinta porque se están visibilizando a los victimarios. Ahora la reflexión de la sociedad dio un paso adelante. Por eso esta consigna de Fue el Estado. Ahora estamos pensando ya quiénes son los victimarios. El Movimiento Por la Paz logró generar una compasión a nivel nacional, una reflexión acerca de lo que había estado ocurriendo. Tres años después, lo que tenemos ahora es un ejercicio no nada más de compasión porque esa ya está, sino también de análisis crítico.

Mencionas al EZLN como el movimiento que originalmente levantó esta conciencia social. ¿Ahora en qué etapa de este despertar social nos encontramos, en qué fase de la protesta social?

En una etapa en donde por fin se desmontó esta idea de que vivíamos sólo una guerra contra el narco. Ese era el estribillo oficial. Pero no es una guerra del narco lo que hemos vivido: de 2006 a la fecha lo que hemos vivido es una larga crisis de derechos humanos porque se le ha dado un poder a la clase política y a su fuerza represiva para que trastoque nuestra cotidianidad, para que nuestras libertades civiles estén cada vez más reducidas. Hay muchas ciudades grandes del país, como Monterrey por ejemplo, que han vivido periodos en donde la libertad de tránsito no existe. No puedes salir por la noche después de ciertas horas porque hay una situación que se llama la guerra del narco pero que en realidad es una crisis de derechos humanos muy grave porque no solo los narcos actúan sino también las policías municipales como lo vimos en Iguala.
“Uno de los referentes es el EZLN porque es un movimiento que no se metió a la dinámica electoral. La dinámica electoral se ha chupado a todos los movimientos sociales. Vemos al PRD que hoy en día es un partido vergonzoso, un partido lleno de pillos, de corruptos, cuando en su momento recogió buena parte de la indignación y del movimiento social que quería cambiar este país, que quería que este país fuera más democrático y hubiera más desarrollo social. Y ahora es una cueva de ladrones”.

En estos momentos la protesta social no está encausada por nadie sino por las masas en su conjunto.

Eso me parece positivo porque un caudillo no va a cambiar las cosas como tampoco es responsabilidad de Peña Nieto todo lo que pasa. El Movimiento por la Paz logró visibilizar a las víctimas aunque mucha gente diga que no, que no lograron nada o que ya se diluyó el movimiento. Pero es que los movimientos son coyunturales, generan una reflexión en su momento y luego ya la sociedad los procesa de otra forma. Está el Movimiento por la Paz y ahora el movimiento de padres y madres por Ayotzinapa, pero en medio de eso está el Yo soy 132 y los movimientos de Autodefensas. Todo eso está comunicado. Son procesos que a mí me parecen más interesantes porque están a un nivel ciudadano. No hay una dinámica electoral que los determine. Y en ese sentido hay cambios.

En tu libro hablas de la tragedia que vivió México entre 2007 y 2012. ¿Por qué encierras lo que está pasando en estos años y no extenderlo hasta ahora si estamos en las mismas condiciones?

Es que 2007 y 2012 quedan enmarcados bajo un término que fue la guerra del narco. Antes de 2007 se vivió una crisis de derechos humanos con lo que pasó en Oaxaca, en Atenco, con los Mineros, el Plantón de Reforma. La crisis estaba desde 2006 y continuó en 2013 y 2014 en México solo que no hubo esta temeridad que sí hubo en el gobierno de Calderón de llamarle guerra del narco, el priismo mantuvo esta crisis de derechos humanos pero con la invocación de la paz, cambiando el discurso, cambiando de tema, pero la violencia continuaba. Por eso yo hago la acotación porque me parece que el Movimiento por la Paz surge como una respuesta a ese discurso de guerra contra el narco. Sin embargo, la batalla es más amplia como la estamos viendo ahora.

¿Cuáles son las diferencias que notas entre el PRI y el Pan en su manejo del tema de la guerra del narco?

La diferencia inicial del gobierno de EPN consistió en que apagó la alarma mientras el incendio continuaba. A Calderón le encantaba encender la alarma mientras estaba el incendio. Al gobierno de EPN lo que le resultó hasta hace unos meses fue que apagaron la alarma pero el incendio continuaba: ya no se hablaba del caudal de violencia. Esa es una primera diferencia: la política de comunicación social sobre el tema del narco. Otra diferencia me parece que es la relación con Estados Unidos en la política antidroga. Creo que con el gobierno de EPN discursivamente se cuestionó un poco más la injerencia de Estados Unidos aunque en los hechos se le ha dado mucho más injerencia ya que ahora sabemos que había marinos estadounidenses en la detención del Chapo Guzmán.

¿Cómo han asumido las protestas sociales el gobierno de Calderón y ahora el de Peña Nieto?

Sólo en la forma. Los priistas son aparentemente mejores en el manejo de la comunicación social. Aparentemente, repito, porque da la impresión de que el presidente no tiene tan buenos asesores como suponíamos. La decisión de lanzar a la primera dama a explicar este cuestionable tráfico de influencias que existe por el hecho de que un contratista muy importante del gobierno de Peña Nieto le haya dado una casa a su esposa no fue quizá la mejor idea de comunicación social.

En el libro mencionas algunas de las responsabilidades de Estados Unidos en esta violencia. Hablas de tráfico de armas y del lavado de dinero.

Las principales no solo son esas o el hecho de que sean un país cocainómano que está presionando para que llegue la droga desde Sudamérica y que pase por México. A mí me parece que la principal responsabilidad es haber impuesto a México y al resto de la región un modelo de combate a las drogas que es completamente desigual porque mientras que en México se hace una represión policiaca cotidiana y que viola las libertades civiles, en Estados Unidos eso no pasa. Jamás en Estados Unidos va a haber un retén en Houston para revisar los camiones que llevan la cocaína que cruzó por México y que va hacia Nueva York. Jamás. Ese atropello que vivimos los mexicanos de tener que parar nuestros coches para que los revisen los militares porque está la sospecha de que puedan llevar droga, jamás lo van a vivir los ciudadanos americanos. ¿Por qué? Porque el modelo que confeccionó Estados Unidos y que ha impuesto a México y al resto de los países de la región es un modelo donde los mexicanos hacemos el trabajo sucio, el trabajo represivo, nos desgastamos, metemos helicópteros, metemos perros a buscar droga en los aeropuertos. Y allá en los Estados Unidos cuando la droga pasa automáticamente el nivel de persecución disminuye. La droga es perseguida en Colombia, en Centroamérica y en México y por eso se genera esta corrupción tremenda, pero una vez que pasa a los Estados Unidos la droga circula tranquilamente. Tú haz un comparativo de decomisos de droga en Estados Unidos y en México o en cualquier país de Latinoamérica y es muy grande la diferencia porque Estados Unidos trata de preservar la calidad de vida de sus ciudadanos, no quieren que ellos sufran lo que nosotros sí sufrimos. Nosotros tenemos que liberarnos de la narrativa predominante sobre el tema de las drogas, o sea esta narrativa indica que en México tenemos el Cartel de Sinaloa, de Juárez, de Tijuana, etc., ¿pero en Estados Unidos no hay cárteles?, ¿no hay un cártel de Chicago, de Nueva York, de Los Ángeles?, ¿entonces cómo diablos se organiza el tráfico en estas ciudades que genera miles de millones de dólares anualmente?

De hecho ni la prensa de Estados Unidos retoma estos temas.

Menos la prensa gringa. Yo tuve un debate justo en la FIL de hace dos años con un editor de Los Angeles Times que estaba criticando el periodismo mexicano en general. Entonces yo dije, bueno, tenemos fallas, por supuesto, pero dígame un reportaje que cuente cómo la droga va de Laredo, Texas, a Nueva York. ¡Un reportaje! O una ruta de cómo operan los narcotraficantes en Washington. Porque aquí hay reportajes que muestran esas rutas aéreas, terrestres, marítimas. Y él me decía, no bueno, es que todo está en la página de la DEA. Tienen una posición muy cómoda y no es una posición a la que se haya llegado por casualidad. Es algo deliberado. Obviamente a ellos les conviene tener el control de la narrativa: que nosotros seamos los responsables y ellos las víctimas. En eso tienen una responsabilidad también.