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7 experiencias diferentes de quienes han vuelto de la muerte

por Walter Gassire Gallegos

Cada quien tiene una creencia propia acerca de lo que sucede después de la muerte. ¿Cielo e infierno? ¿Reencarnación? ¿La muerte absoluta, la nada? Nadie lo sabe.

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Quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte suelen aseguran haber visto una luz al final de un túnel. Pero una investigación de la periodista Rachel Nuwer (BBC) descubrió que no es la única descripción común.

Un famoso caso de experiencia extracorporal (desdoblamiento)

En 2011, Mr. A (su nombre se mantiene en el anonimato), trabajador social de 57 años y nativo de Inglaterra, fue ingresado en el Hospital General de Southampton tras colapsar en su empleo. El personal médico estaba por insertarle un catéter en la ingle cuando entró en paro cardiaco. Su cerebro dejó de responder por la falta de oxígeno. Estaba clínicamente muerto, pero él recuerda todo lo que pasó después.

Los médicos tomaron un desfibrilador y comenzaron el procedimiento de reanimación. Escuchó una voz decir dos veces “denle electroshocks al paciente”. Y en esos instantes miró hacia arriba. Vio a una extraña mujer haciéndole señas desde la esquina trasera de la habitación, cerca del techo.

La acompañó, dejando su cuerpo inerte. “Sentí que me conocía, que podía confiar en ella. Y sentí que ella estaba ahí por una razón, aunque no sé cuál era”, contó Mr. A después. “Al instante estaba ahí arriba, mirándome hacia abajo, a la enfermera y a otro hombre calvo”.

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Los registros del hospital verificaron las órdenes verbales del procedimiento de reanimación. La descripción del paciente sobre la gente en la habitación —personas a las que no había visto antes de perder la conciencia— y sus acciones también coincidieron. Describió eventos ocurridos en un lapso de tres minutos en los que estuvo inconsciente.

Las experiencias de muerte desde la óptica de la ciencia

El caso llegó a las páginas del diario Resuscitation un proyecto médico dedicado al estudio de experiencias cercanas a la muerte. Sam Parnia, responsable de este proyecto y profesor asistente de medicina de cuidados críticos en la Universidad Estatal de Nueva York, quiere estudiar más a fondo este tipo de casos.

Junto con 17 colegas de instituciones americanas e inglesas, Parnia quiere derribar el mito de que la muerte es un fenómeno fuera del alcance del estudio científico. Cree que se puede recolectar información vital de esos momentos finales. Así que por seis años ha analizado miles de casos de eventos cardiacos en los que el corazón se detiene y el paciente es dado por muerto.

De esos casos, los doctores han sido capaces de revivir al 16% de los pacientes. Parnia y su equipo han podido entrevistar a más de 100 de ellos, con el fin de entender cuál es la experiencia mental y cognitiva de la muerte. “Tuvimos gente que aseguraba percepción auditiva y visual al momento de su muerte, y queríamos determinar si realmente estaban conscientes”, señala el médico.

Siete sabores de la muerte

Resultó que Mr. A no era el único que tenía memoria de su muerte. Casi el 50% de los voluntarios de la investigación de Resuscitation recordaban algo. Pero sus experiencias eran diferentes. De hecho, eran muy distintas a los acontecimientos reales que ocurrieron alrededor de sus cuerpos.

Más bien reportaron experiencias oníricas y diferentes tipos de alucinaciones. Parnia y compañía categorizaron estos escenarios en siete diferentes temas. “Parece que la experiencia mental de la muerte es mucho más amplia de lo que se asumía en el pasado”. Estos fueron:

  • Miedo
  • Ver animales o plantas
  • Luz brillante intensa
  • Violencia y persecución
  • Ver a la familia
  • Deja vu
  • Rememorar eventos posteriores al evento cardiaco

Estas experiencias variaban entre lo aterrador y lo maravilloso. Hubo quienes reportaron haber tenido miedo o sufrir persecución, por ejemplo. “Tenía que pasar por una ceremonia… y esta consistía en ser quemado”, recuerda un paciente. “Había cuatro hombres conmigo, y cualquiera que mintiera moriría. Vi hombres en ataúdes ser enterrados de forma vertical”.

Otro recuerda haber sido arrastrado dentro de agua profunda. A otro más le dijeron que “para morir de la forma más rápida posible, tenía que decir la última palabra más corta que pudiera recordar”.

Una muerte placentera

No obstante, para otros fue una sensación opuesta. El 22% dijo haber tenido un sentimiento de paz o bienestar. Algunos vieron seres vivos: “Todo era plantas, sin flores”, o “leones y tigres”. Otros fueron cubiertos por una luz brillante o se reunieron con su familia.

Unos más señalaron una intensa sensación de deja vu: “sentí que sabía lo que la gente iba a hacer antes de que lo hicieran”. Otras experiencias comunes fueron el tener los sentidos agudizados, una percepción distorsionada del paso del tiempo y la sensación de desconectarse del cuerpo.

“Lo que queda definitivamente claro es que la gente tiene experiencias al momento de morir”, dice Parnia. “Lo que los individuos eligen interpretar depende enteramente de su contexto y creencias preexistentes. Alguien de India podría decir que vio a Krishna, mientras que un norteamericano diría que vio a Jesús”.

“Todas estas cosas —qué es el alma, qué es el cielo y el infierno— no tengo idea qué significan, y hay probablemente miles de interpretaciones según dónde naciste y tu contexto”, continúa. “Es importante avanzar de este reino de enseñanza religiosa hacia la objetividad”.

¿Qué pasa con los que no recuerdan nada?

Parnia señala la probabilidad de que haya más gente con experiencias cercanas a la muerte de las que se reportan. Para mucha gente, las memorias son casi seguramente eliminadas debido a la gran hinchazón que sufre el cerebro tras un paro cardiaco, o por los fuertes sedantes suministrados en el hospital.

Pero incluso si la gente no recuerda de forma explícita su experiencia mortal, podría afectarlos en un nivel subconsciente. Según el médico, esto explicaría por qué los pacientes tienen reacciones tan distintas tras su recuperación. Algunos dejan de temer a la muerte y adoptan un estilo de vida más altruista, mientras que otros desarrollan trastorno por estrés postraumático.

“Cualquiera con una mente relativamente objetiva estará de acuerdo en que esto es algo que debe ser investigado más. Tenemos los medios y la tecnología. Es el tiempo de hacerlo”, concluye Parnia.

Con información de www.mixfm.mx