TWITTER ENTRE FALACIAS Y REVOLUCIONES DE MENTIRAS

10/03/2011

La red social de los 140 caracteres puede constituir la mayor de las tentaciones. Ya sea para buscar un estatus de celebridad, un líder de ‘masas’ o promotor de alguna causa, el flujo de información o desinformación puede ser todo un peligro.

Hace apenas unos días, el periodista Ciro Gómez Leyva escribía que había llegado su momento de abrir una cuenta en Twitter. “…Hora de entrar al callejón, de ponerle baterías a la linterna y afilar la navaja”, dijo, intuyendo que en esta red social hay gente dispuesta a traerlo a uno como perico a toallazos. Sobre todo, si uno es Miss Cuajimalpa y confunde las Coreas con China; o peor aún, si se es un presentador de noticiario nocturno capaz de dejar estupefacto al actor Anthony Hopkins en cadena nacional, mientras le pregunta “¿Juay de rito?”.
Remitentes anónimos en su mayoría –como Gómez Leyva los define-, detrás de las 146 mil cuentas de Twitter que existen en México (67 mil de ellas activas, según un estudio de 2010 del especialista Guillermo Perezbolde), difícilmente habrá personas que se dediquen a coleccionar muescas en su revólver por cada personalidad que hacen salir llorando. De hecho, hay cientos de periodistas que han encontrado en el microblogging una poderosa herramienta que añade valor al trabajo que ya realizan por canales tradicionales. Incluso, discuten posturas y se someten al cuestionamiento directo de sus audiencias, bajo una premisa fundamental: el que tuitea, se aguanta.

Celebridad instantánea
El mayor atractivo periodístico que puede ofrecer Twitter (además de su horizontalidad para dialogar) es su velocidad para compartir información. Algo tan seductor como riesgoso para un periodista ávido de dar exclusivas fuera de los espacios informativos de prensa, radio o televisión, y que generalmente le exigirían mayor rigor; el retuit, como equivalente a un punto de rating; y el acceso al mainstream de las redes sociales.
Comunicadores que han sido seducidos por el lado oscuro del rumor, han hecho de sus cuentas personales una extensión de su fama mediática; en ellas, se permiten ligerezas que en sus empresas les costarían el puesto. Juegan con información no verificada, ayudan a divulgar datos inexactos y abonan a la confusión. Algunos dicen escribir a título personal, pero se escudan en fuentes a las que seguramente no tendrían acceso si no fuesen personajes públicos.
El secuestro del panista Diego Fernández de Cevallos podría ser la anécdota que mejor ejemplifica el rumor tuitero. De la dudosa primicia de Adela Micha, a unas horas del secuestro (@Adela_Micha: sin confirmar: encuentran a Diego Fernandez muy mal herido), a la confirmación de José Cárdenas de una noticia que fue cierta… 23 días después (@JoseCardenas1: Diego, Libre y Sano).
Desde Twitter, el director editorial de Excélsior se ha visto obligado a ofrecer disculpas por atribuir a Andrés Manuel López Obrador el haber confundido a Antonio López de Santa Anna con el guitarrista mexicano Carlos Santana. Otros, como el diputado Gerardo Fernández Noroña han hecho lo mismo tras ‘matar’ a compañeros de partido (@fernandeznorona: Me carga la chingada. Ifigenia no ha muerto), y otros más han tenido que desmentir su propia muerte.
Errores aparte, hay quienes falsean información dolosamente para generar dinero. Director de un medio que capitaliza resentimiento –además de asesor de Andrés Manuel López Obrador-, Federico Arreola acumula despropósitos. En menos de un año, dio por muerto al futbolista Salvador Cabañas, anunció que el narcotraficante Edgar Valdés Villarreal había sido herido durante su detención, alertó sobre un tiroteo en Reynosa que en realidad había ocurrido un año antes, inventó la existencia de una foto en posesión de la PGR en la que supuestamente se veía a El Jefe Diego muerto y propagó versiones sobre la detención de narcotraficantes que siguen libres. “Sí, retuiteo rumores y hasta los hago notas”, confesó sobre su forma de trabajo.

El activismo estéril
Twitter puede funcionar como una guía de contenidos y un agregador de noticias; pero no puede ser considerado seriamente una fuente de información porque no siempre es posible discriminar entre datos fiables, mentiras llanas, propaganda, e incluso boletines del crimen organizado como sucede con la cuenta vinculada al Blog del Narco.
Las redes sociales pueden ser útiles herramientas, pero desde ellas difícilmente se puede hacer periodismo o activismo, como algunos pretenden. Muchos tuiteros creen que al apoyar una causa desde sus cuentas personales y ayudar a popularizar un hashtag (#yabastadealgo) trasladan la arena pública a la pantalla de su BlackBerry.

“Muchos tuiteros creen que al apoyar una causa desde sus cuentas personales y ayudar a popularizar un hashtag (#yabastadealgo) trasladan la arena pública a la pantalla de su BlackBerry.”
Los trend topics permiten conocer qué temas están en el interés de la comunidad tuitera, y son útiles para encontrar a ciudadanos con intereses afines con los cuales articular esfuerzos. Usar todos el mismo avatar, poner crespones negros, lanzar consignas, cerrar con un hashtag apantallador como #ApagónTelevisa o #bastadesangre, mientras ve una telenovela progre de Epigmenio Ibarra, y creer que uno ya cumplió su obligación como ciudadano, no hace sino mostrar que el compromiso puede ser sólo una pose tras el teclado.
Recientemente, un periodista aseguraba que si bien los tuiteros mexicanos no derrocamos a Mubarak, sí habíamos logrado la reinstalación de Carmen Aristegui tras su despido de MVS Radio. Su peculiar lógica matemática –que evidentemente era impermeable a cualquier otro razonamiento- indicaba que dado que Javier Solórzano cuenta con unos 100 mil seguidores, cinco mensajes suyos equivalían a medio millón de tuits circulando. La ignorancia es temeraria y la militancia sedentaria lo es más; si tal cosa fuera real, personajes de la política como Elba Esther Gordillo habrían desaparecido con la fuerza de millones de tuits que exigen su renuncia y que, a estas alturas, deben ser equivalentes al total de la población mundial.
Hay activistas en Twitter, sí, que han encontrado que la comunicación en 140 caracteres permite divulgar temas que de otra forma podrían resultar más áridos. Alejandro Calvillo (@alconsumidor) explica que empujar un tema como las llamadas #accionescolectivas fue posible a que en Twitter se aterrizó la necesidad de proceder legalmente en conjunto contra abusos que nos afectaban a todos por separado, como la mala calidad en el servicio de telefonía celular, de la cual las empresas telefónicas no asumían responsabilidad alguna.
Equilibrado en los alcances de esta red social para su propia actividad, Calvillo dice que los usuarios añaden presión adicional para que los actores políticos hagan cálculos del costo de sus decisiones; es una herramienta sin duda importante para poner temas urgentes sobre la mesa, pero no definitoria. Sobre todo, si los ciudadanos no trascienden la pantalla luminosa para acompañar las iniciativas con algo más que desahogos estériles. De otra manera, cuando un día nuestros hijos nos pregunten qué estábamos haciendo mientras este país se iba al carajo, les diremos: quejándome en Internet.

txt Juan Carlos Romero Puga

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