POLIAMOR

Amores compartidos

Julio César pasará todo el fin de semana con su novia. El viernes por la noche van al cine, eligen la película y compran golosinas. Platican y ríen mientras inicia la función; sin embargo, jamás se toman de la mano, no se abrazan ni se besan. Ella tiene un ligero problema, y es que aún le provoca pena que la vean besándose con dos hombres a la vez; su marido los acompaña, son poliamorosos.
La relación poliamorosa de Julio con su novia fue bastante peculiar; ella es casada y un día decidió hablar abiertamente con su esposo, sobre su interés de entablar un romance con Julio, sin terminar o dañar su matrimonio. Su esposo aceptó el acuerdo.

Éste es sólo uno de varios ejemplos de este tipo de convenios. Son una especie de nuevo formato para relacionarse, pero se desarrollan tan lentamente en la sociedad mexicana, que aún se observa como algo imposible. Quienes se relacionan con este tipo de configuraciones, hablan sin reserva sobre los beneficios de ‘amar y ser amado por varias personas’.
Los elementos que componen una relación de este tipo son el amor entre más de dos personas; así como la honestidad, el respeto y los acuerdos. Todos los involucrados están conscientes y seguros de que comparten su amor con alguien más. Lo provocador del fenómeno, sin duda, es la libertad que ofrece. Además, desecha otros conceptos que suelen ser incómodos para parejas comunes, y que están arraigados en culturas tradicionales como la nuestra: la infidelidad, los celos y el amor para toda la vida.

Julio César Pérez es integrante del Colectivo Poliamor México, y su caso revela que a pesar de lo exóticas que pueden parecer sus decisiones, los poliamorosos son, desde luego, sensibles al fracaso. “Pasaba algunos fines de semana con ellos”, dice. “Eso no significa que tuviéramos relaciones sexuales entre los tres; ella nos daba tiempo y espacio a cada uno”, explica Julio, quien llevaba una relación muy cordial con el marido. Sin embargo, la relación terminó cuando la pareja legalmente comprometida quiso tener un bebé. “Ella quedó embarazada y empezó a cambiar su perspectiva de vida; yo no empezaba a encajar y nos separamos”, confiesa sin ocultar su dolor.
Gabriela Santiago, de 26 años, sostiene desde hace casi seis años una relación con Esli. Ambos son bisexuales y, durante un tiempo, formaron una triesa con Tania. Sobre la experiencia, Gabriela comenta que fue liberadora. “Nos llevábamos bastante bien; compartimos muchas cosas. Los tres vivimos juntos, pero cada quien se podía relacionar con otras personas”, dice.
Actualmente vive sólo en pareja con Esli y asegura que él no ha querido establecer relación con alguna otra persona. Pero ella sí ha tenido varias novias que saben de su condición poliamorosa. “Lo conocen. Llegan a casa. Ambos somos muy tranquilos y espero pronto encontrar a una chica que quiera formar una triesa”, admite. Según Gabriela, de no ser por su acuerdo poliamoroso, quizás no llevaría más de un lustro al lado de Esli. “Si él no hubiera comprendido este concepto tan bien como lo hizo, no habríamos congeniado. Incluso los dos, desde antes de conocernos, ya tenemos definido que no queremos tener hijos”, finaliza.

¿La llave de la felicidad?
Roberto Soto, sexólogo del Instituto Mexicano de la Sexualidad, cree que la institución del matrimonio en México comienza a derrumbarse; explica que “al ser la relación conyugal hegemónica y con más tiempo en la historia, es natural que sufra un desgaste”. El especialista comenta que, estadísticamente, cada año se registran más divorcios y asegura que “eso no significa que el poliamor sea una llave a la felicidad, a pesar de que los seres humanos tendemos a buscar cierta variedad y no encajar con una sola persona. Pero puede ser una alternativa para quienes no ven en la monogamia una satisfacción completa”.
Soto ve en el poliamor ciertas ventajas. Entre ellas, la libertad, el respeto y la claridad, de ahí que es más sencillo terminar una relación, “te vas en paz y sin tanto pleito legal. Buscas otra pareja o puedes abrirte a la posibilidad de tener una serie de relaciones al mismo tiempo, donde todos los involucrados saben lo que sucede”.
El especialista aclara que este tipo de relaciones no son sólo de carácter sexual, pues se involucran sentimientos y afirma que se puede amar a una o más personas al mismo tiempo; comparándolo con el amor de una madre que, sin dosificar, ama a cada hijo por igual. Este tipo de convenios deben tratarse con seriedad, advierte el sexólogo. “No se trata de algo fugaz, ni de una noche o una aventura. Es un acuerdo perdurable y honesto”.
México nunca se ha distinguido por abrir las puertas a eventos que rompan sus tradiciones milenarias, por eso el poliamor resulta polémico. La pregunta es si estamos preparados para presenciar los debates y discusiones que habrá entre los protagonistas de este movimiento y los altos jerarcas de la moralidad nacional.

Manifiesto Poliamor

Colectivo Poliamor México ha redactado un documento que define al grupo como una entidad que entiende a esta tendencia como “la filosofía y la práctica afectiva de establecer más de una relación amorosa simultánea, de forma honesta, equitativa y en consenso, con tod@s l@s involucrad@s”. La misión, básicamente, puede resumirse en seis objetivos:

1. Erradicar la dominación que ha tomado y hecho suya nuestros corazones, nuestra entraña, nuestra carne y nuestra alma.

2. Encarnar el poliamor. Queremos hacer realidad el poliamor.

3. Infectar el virus del poliamor y del amor libre.

4. Tejer y hacer red, crear una red solidaria de poliamorosos en México y en todo el mundo. Amamos la libertad.

5. Ser lúdicos, festivos, reventados. Reclamamos gozo. Queremos emborracharnos en la fiesta de la vida.

6. Sobre todo, te queremos a ti, te deseamos, te queremos libre, ligero, digno, plenamente amoros@. Queremos escucharte, saberte, sentirte; saber tus historias, tus deseos, tus ganas, que nos compartas, que nos toques.

por Martín Ángeles

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