DOMINIKA PALETA

Desde muy niña, Dominika quiso ser actriz. Y aunque ahora posee una carrera establecida, continúa mediando entre los personajes que ‘pagan la renta’ y aquellos que alimentan su pasión artística.

Muchos actores y directores en México aún no se atreven a dejar el maquillaje y arriesgar lo suficiente. Por eso no me creía Mujeres Asesinas, con rímel y pestaña postiza. Tienen una factura muy bien hecha para la crudeza de cada caso.

Sonriente y de presencia que hipnotiza, la claridad de sus ojos azul tenue revela mucho más de lo que Dominika quisiera decir. Para ella, su mirada habla por sí misma; y puede ser que la traicione un poco al exponer a una persona seria, segura y exigente.
Su paso por la televisión mexicana ha delineado su imagen como una villana déspota, gracias a los personajes que interpretó en telenovelas como La Intrusa y Los Plateados; aunque la actriz de origen polaco jamás deja de pensar en el personaje que más le gusta interpretar: el de mamá. Es el que representa día a día y después -dice- está su carrera.
Dominika sabe que sus atributos físicos siempre darán de qué hablar, pero ella prefiere enfocarse en resaltar sus habilidades histriónicas, en vez de hablar de genética. Actualmente se encuentra en la telenovela El Triunfo del Amor y en febrero arranca las grabaciones del remake del clásico Cuna de Lobos. Y todavía se da tiempo para reírse de las travesuras de las mujeres, en la obra Monólogos de la vagina.

Cuando llegaste a México, tenías 8 años; ¿te resultó difícil el choque cultural?
¡Sí, claro! Bueno, noté las cosas que ve una niña. Como los súper mercados. Polonia en ese momento pasaba por una crisis económica muy fuerte, lo cual contribuyó a que le ofrecieran trabajo a mi padre y nos viniéramos para acá. Me sorprendió la abundancia de este país, la variedad, los colores, las fruterías, los mercados, la gente, el idioma. Todo era distinto, un mundo diferente.

¿Vas constantemente a Polonia?

Hace mucho que no, pero tengo ganas de volver. Mi abuela murió hace cuatro años, y era quien nos unía. Por ella íbamos una vez al año, pero ya no está el pretexto. Quiero llevar a mis hijas, aunque es complicado encontrar tiempo.

Pero te gusta viajar…

¡Me encanta… viajaría toda mi vida! Cada que puedo lo hago. Quizás porque fuimos migrantes y siempre veía una posibilidad de regresar. Por otro lado, estoy casada con un uruguayo, que tiene familia en ese país y en Argentina. Eso da muchos pretextos para salir. Mi reloj biológico marca que si no salgo en tres meses por lo menos, me descontrolo. Me inquieta pasar más de ese tiempo en el mismo lugar.

¿Tienes algún lugar favorito?
Hay varios pendientes: Nueva Zelanda, Australia, Tailandia. También algunos países de África. Siempre he creído que si tienes oportunidad de viajar de niño, te abre mucho el panorama; te nutre. Te da experiencias que enriquecen el ‘disco duro’ de cada quién.

México también te gusta…
¡Me encanta México! La ciudad me gusta, a pesar de la inseguridad que vivimos, la violencia y todo lo que oímos del país. Me choca la gente, sobre todo los extranjeros, que vienen a trabajar y se la pasan hablando mal de México. Siempre pienso ‘¿entonces por qué no te vas, para qué sufres?’. Lo que no me gusta, obviamente, es lo que no le gusta a nadie: la violencia, la contaminación, la inseguridad o el tráfico. Pero es el precio que se paga por vivir en la ciudad más grande del mundo, donde suceden millones de cosas al día.

Alguna vez, tu hermana Ludwika me dijo que la relación contigo era complicada porque eres muy estricta, ¿es cierto?
Creo que sí. Pero no sé en qué aspecto. Es un punto de vista. Es como si le preguntas a una villana si es mala. Ella dirá ‘¡no, cómo crees!’. Soy estricta en muchas cosas. Tengo muy claros los límites.

Como mamá, me imagino, también lo eres…
Creo que soy hasta intransigente. Por ejemplo, en saber qué comen o no mis hijas, con quién pasan el tiempo. No me gusta comer cualquier cosa, porque me importa mi salud; no voy por la vida tan desfachatada. Soy muy selectiva, me gusta escoger lo que me gusta, no sé si eso es ser estricta.

En México, ¿qué tanto se puede ser estricto en el trabajo?

No siempre. En una telenovela no decides muchas cosas; se maneja la farsa, historias poco reales, por eso no puedes ser exigente. En una película, un cortometraje o una obra de teatro, sí. Ahí puedes elegir historias que te llenen, que sean un reto y te hagan crecer. No me pongo exigente porque no lo veo como un negocio, la televisión sí lo es.

Al menos procuras hacer personajes interesantes…

Sí, personajes que tengan peso importante en la historia, no importa si tengo dos escenas o veinte. Pero que te deje un recuerdo, que valga la pena y que la historia me guste. En teatro sí califico la obra, el director y el elenco.

En ese sentido, ¿qué prefieres interpretar: villanas, princesas o mártires?
Me gusta hacer de todo. Antes no me gustaba lo que se hacía en Mujeres Asesinas, hasta que leí el guión que me ofrecieron y el personaje me encantó. Hablé con el director y creo que hicimos un trabajo interesante; se trata de una fanática religiosa que se trastorna y mata por la fe. Busco crecer todo el tiempo como actriz, que la gente crea en mí para ofrecerme proyectos interesantes.

¿Qué no te gustaba de Mujeres Asesinas?

Había visto varias historias en Argentina y me pareció una telenovelota con mucha sangre como lo adaptaron aquí. Muchos actores y directores aún no se atreven a dejar el maquillaje, arriesgar lo suficiente, por eso no me creía una mujer asesina con el rímel y pestaña postiza; tienen una factura muy bien hecha para la crudeza de cada caso. Cuando grababa, me intentaron maquillar y dije que no. No quise. Mi personaje no tenía que verse bonita, esas cosas no se entienden aún en México.

Tu carrera en cine ha sido un tanto discreta, ¿por qué?
He trabajado poco porque los proyectos que me han ofrecido no me han gustado; además, mi tipo físico no me ayuda mucho. No tengo el look latino de Ana de la Reguera o Ana Serradilla, eso funciona en México. La ‘güerita’ de ojos azules, no. En televisión me han encasillado en el personaje de la guapa, déspota, villana y no me ven en otros roles.

¿Te molesta eso?
No, porque no soy yo. Es sólo un personaje. Aunque a veces resulta aburrido. No quiero decir que no haré más villanas, me divierte y lo disfruto, pero hay miles de cosas más que quiero hacer.

¿Qué te gusta más, el cine, la televisión o el teatro?
Esta carrera es tan incierta e interesante a la vez, porque nunca sabes en qué vas a trabajar mañana. Un día te llega un casting para cine, al otro una propuesta para teatro. El mejor proyecto, siempre, es el que está por llegar. Lo bueno es hacer un poco de todo.

¿Te aburre que a donde vayas resaltan tu belleza como si fuera tu única cualidad?
Sí. Siento que no es un gran mérito; me encanta que me digan cosas bonitas, pero no le veo mayor importancia. Así nací. Uno trae muchas cosas más, por eso me interesa proyectarlas como actriz. Ser la bonita con la pestaña y el tacón, después de diez personajes así, agota.

¿Ser madre no es una barrera que te prohíbe mostrarte sensual?
Son cosas muy distintas. Mostrarme para venderme en un tono vulgar, eso no lo haría, aunque no fuera mamá. Quiero que mis hijas, cuando me vean en distintas cosas, lo respeten.

¿Qué les atrae más a los hombres de ti?
Las piernas. Siempre me lo dicen. A mí me gustan más mis ojos; en general, los ojos hablan por sí mismos. Pueden atraer mucho, los ojos comunican mucho.

Seguramente has sido el amor imposible de muchos. Aunque dudo que tú hayas tenido alguno…
No, ¿eh? Quizás de muy chiquita, que fulanito en la escuela no me pelara. Pero nada que me traumara.

txt: Martín Ángeles fotos: Víctor Ayala maquillaje y peinado: Alex López producción: Susan Jiménez
AGRADECIMIENTO
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